Hace apenas unos días, sotuve un debate con una directiva de la estructura provincial de una entidad -no perteneciente al Banco Central- de cuyo buen funcionamiento depende técnicamente la aplicación exitosa de la resolución 111 que establece nuevas normas de bancarización en Cuba.
La tesis de la directiva, mi interlocutora, tan sencilla como que: las reacciones desfavorables al proceso de bancarización se han producido porque los cuadros que deberían aplicarlo sin chistar en los municipios -no en las estructuras provinciales que ella representa- no cumplieron las orientaciones que habían recibido al respecto: "No es un problema del sistema, es un problema de las personas, de los cuadros, de los dirigentes de los municipios" , aseveraría y luego la melodía átona de que hay que pensar como país, cumplir con disciplina las decisiones "del país" que tienen en cuenta lo que "necesita el país".
Le tomó 33 minutos tratar de convencerme, no sin antes apelar a mi condición de comunicador profesional: "Usted es comunicador, debería saber escuchar", me dijo ante mi primer y único intento de establecer una conversación normal en la que, comúnmente, los dialogantes se interrumpen sin atropellarse-, sería su garantía para poder espetarme su monólogo sin réplica, como el histrión ante su público fidelizado.
"Y el presidente del Banco Central ha dicho muy claro que, si en seis meses no funciona, lo rectificamos y ya" concluye de modo triunfante sin tener en cuenta los prejuicios que una aplicación fallida pudiera traerle, incluso en apenas seis meses, a cientos de miles de cubanos.
Mi tesis sería también sencilla: otra vez la dirección del país aplica cambios y toma medidas que nos afectan a todos los cubanos -en especial a los más vulnerables- sin la aplicación previa de una estrategia sistémica de comunicación social y política, sin al menos lograr una mínima tendencia a la comprensión del procesos por parte de los implicados, tanto los presuntos beneficiarios como quienes tienen la responsabilidad de la implementación exitosa en los ámbitos comunitarios, que son los decisivos.
¿Puede deslindarse las personas de la eficacia del sistema que conforman con sus decisiones y actuaciones? ¿Puede deslindarse el sistema del compromiso con la tarea de las personas que lo integran? ¿Puede desligarse los responsables del funcionamiento sistema? ¿Puede desligarse el sistema de la comprensión de los responsables acerca del funcionamiento de aquello de lo cual forma parte? No sé en otros ámbitos. En el de los procesos de comunicaciónes social y política, definitivamente, no se puede separar el sistema de las personas que lo integramos ni viceversa.Durante una especie de taller sobre el proceso de digitalización e informatización de la sociedad cubana y la gestión gubernamental, apenas dos días luego de haber hecho pública la resolución 111, y para no aburrirme con detalles de asuntos de los que únicamente me interesan las esencias y no las reiteraciones ni los discursos, me puse a buscar en los motores informáticos, las referencias a la bancarización en Cuba realizadas en la web de enero hasta junio en entidades decisivas para la implementación del proceso. Entiéndase: Banco Central de Cuba y sus dependencias, ETECCSA y sus dependencias, Ministerio de Comercio Interior y sus dependencias, CIMEX, y el Ministerio de Economía. Entre todas, en seis meses previos a la publicación de la resolución, sólo encontré seis referencias. Puede ser que existan más que yo no haya visto. Puede ser que las referencias sean el triple de las que encontré. ¿Puede decirse que se estaba preparando a los actores -que somos todos los cubanos- para la bancarización? ¿Serían esa las implementaciones comunicacionales previas de un proceso estratégico para los cubanos?
Estuve no hace dos meses en una reunión sobre la Ley de Soberanía Alimentaria, hace quizas un mes. Ante la queja de campesinos productores de un municipio habanero de que el banco no le pagaba todo su dinero en efectivo y de que ellos apenas podían hacer compras electrónicas o extraer efectivos de los cajeros en sus lugares de residencia, Jorge Luis Tapia, vicepresidente de la República, hizo una alusión al proceso de bancarización -por lo cual pude intuir que se priorizaría su generalización pero no cómo se haría- y advirtió a los representantes del Banco Matropolitano allí presente que: "La cosa es poco a poco, con calma, sin apresuramientos" a los cual los bancarios se atrevieron a replicar desde su realidad: "Es que no tenemos suficiente efectivo para pagarles el monto que ellos demandan", y la cuestión quedó, digamos, tablas como en el ajedrez.
¿Era suficiente una reunión como esa, hace apenas dos meses, para que todas las estructuras implicadas de un municipio -decisores, clientes- comprendieran el proceso? Probablemente hubieron algunas otras en las cuales no participé. ¿Serían suficientes?
Una búsqueda entre 17 medios nacionales y provinciales impresos y digitales arrojó que entre enero y junio previos a la aplicación de la resolución 111 apenas hubo 8 referencias a la bancarización y, en todas ellas, como elemento aletario o complemento de otros procesos como el comercio y los pagos electrónicos o el mal e insuficiente funcionamiento de los cajeros automáticos por falta de financiamiento para adquirir nuevos o de acceso a mercados para sus piezas de respuesto.
La más clara referencia a la bancarización fue el programa de televisión Cuadrando la Caja transmitido por Cubavisión el 2 de abril de 2023 del cual encontramos enlaces en las plataforma Cubainformación y Cubadebate, uno de los coproductores. En ese espacio, uno de los participantes plantea: "¿Por dónde empezamos? Por la bancarización. Si es un interés del banco o si hay un interés del cliente. Yo pienso que hay un interés mutuo pero, sobre todo, hay un interés del banco". Si "sobre todo hay un interés del banco", si la Comunicación Social es uno de los pilares de la gestión del gobierno cubano: ¿No sería razonable que ese mismo gobierno, desde su más altas instancias, le exigiera al Banco Central de Cuba y cada una de sus dependencias, invertir en una campaña promocional de bien público -y pagarla, que ya la nueva ley de comunicación lo permite- para que sus clientes -que van desde el nuevo rico presidente de una Mypime hasta los jubilados y pensionados que comen los insuficientes alimentos del Sistema de Atención a la Familia (SAF)- comprendieran y se comprometieran como actores económicos con el proceso?
Hace seis semanas -seis semanas como el songo de Los Van Van- Cubavisión y el Canal Caribe se encadenaron un día después del NTV para exponerle a sus televidentes los beneficios del uso de los pagos electrónicos y el comercio electrónico. Para los que entendemos un poquito acerca de las rutinas de comunicación social y política en Cuba a través de los medios, comenzó a verse claro que se gestaban medidas que nos obligarían a usar tales procedimientos que sí, son modernos, más baratos y se aplican con éxito en la mayoría de los países normales de este mundo.
Pero Cuba no es un país normal. Cuba es un país asediado y bloqueado -también financieramente- por el mayor poder imperial del mundo. Cuba es un país en una guerra histórica con el extremo execrable de una sociedad económica y comunicacionalmente muy poderosa. Y la de Cuba es también una sociedad que libra una batalla interna contra sus propios dogmas y prejuicios ideopolíticos arraigados durante décadas que no son tan fáciles cambiar. Y si en este país en guerra promulgamos que la Comunicación Social es un pilar de la gestión de gobierno, y si gobernar es, ante todo, preveer, no es admisible ni responsable conformarse y solazar la responsabilidad propia con aquello de que: "los cuadros y funcionarios municipales no atendieron las explicaciones", "la gente en los municipios no acata lo que se le orienta", "no hay disciplina....". Y menos responsable es que, los mismos profesionales de la comunicación que debimos a tiempo advertir y exigir la publicación previa de toda la información esclarecedora por todos los canales a nuestro alcance , -y ahí me pueden incluir, sin lío-, ahora, reactivos y a destiempo, nos aparezcamos con que se trata de una campaña de los enemigos o de aquellos a los que "no les conviene la bancarización". Pensar como país debería ser, al menos en términos de Comunicación Social y Política, prever, anticiparse, comprender primero para poder persuadir y convencer. Y para eso hay que exigirle a los servidores públicos y, si eres servidor público, tienes que asumir tus propias responsabilidades sin buscar culpables entre las estructuras que se te subordinan. No queda de otra.
Ojalá que la bancarización sea exitosa. Lo deseo de todo corazón. Cuba no necesita de más fracasos.






