lunes, 30 de octubre de 2023

Carretera III: los absurdos.

I

 "Tengo tres problemas graves en mi vida" -dice El Hombre del Berliet: "Soy diabético, hipertenso y militante del partido, y cuenta que el funcionario lo miró entre sorprendido y molesto, con expresión de ¿Cómo se atreve a decir que ser militante es un problema? 

El Hombre del Berliet, y otros rastreros, conversan una madrugada en la explanada alrededor de una estación de servicios de La Habana. Esperan con la incertidumbre acerca de si llegará o no la paila con el combustible. Es de Matanzas, el del Berliet, y lo han mandado a habilitar a La Habana con unas piezas de concreto para luego llevar un pesadísimo equipo para el movimiento de tierra... A Cienfuegos. 

"Nos mandan a echar combustible cien kilómetros más atrás pero solo autorizan 200 litros. Así que sí calculas, estamos en las mismas que si hubiéramos ido directamente de Matanzas a Cienfuegos". 

Una grúa -la que debe bajar su carga- viaja también. ¿No es mejor alquilar una grúa en el lugar donde deben bajar y subir la carga? Pregunto pensando en el gasto de combustible de la grúa, y me responde, El Hombre del Berliet: 

"La lógica te indica que debe ser mejor pero: ¿Quién sabe? Bastante tengo yo con mis tres problemas: diabético, hipertenso y militante".

Bajo la lluvia, como a las diez de la noche, adelantamos al Hombre del Berliet y, justo a la entrada de Jagüey Grande, al de la grúa. 

II

Vamos con 23 toneladas sobre la cama. El motor del chinito Howo 290 parece no sentirlas demasiado. Ruge uniforme y silba su turbo para hacernos avanzar entre 80 y 90 km/h. No puede ir más rápido. El sistema de control de flota, que los choferes llaman GPS, te "chivatea" si te pasas de ese límite. Es, además, un abuso para el rodamiento, la suspensión y amortiguación  del equipo. No hay un solo tramo excento de baches en la Autopista Nacional. Y es también un peligro. 

En el kilómetro 277 vemos la señal de un bastón lumínico rojo. Hay un grupo de policías y se ve una rastra Mercedes Benz, con el rótulo de una cervecera, sobre el separador central de la autopista. 

"Buenas noches. ¿Traen fosforera o una manguera?". 

"Manguera traemos en la caja de herramientas. Pero no fosforera. Ninguno fumamos" -responde uno de los dos choferes con los que voy a Holguín y a Bayamo, desde donde tenemos que realizar un maratón para llevar materiales de la construcción hasta el poblado La Demajagua. Allí  realizamos obras de urbanización, la mypime a la cual pertenezco.

Me bajo y pregunto qué pasó. Una joven perito del MININT,  de rostro notablemente hermoso, me responde que la rastra golpeó una vaca y la mató. A unos metros de la cuña Mercedes Benz, efectivamente, hay una suculenta vaca negra tendida. 

"¿Y para qué necesitan fosforera y manguera?"

"Tenemos que quemarla" - me responde la muchacha. 

"¿Quemarla? ¿Por qué no la llevan para un hospital o un centro de estudios interno y la hacen comida para enfermos o becarios?

"La orden que tenemos es quemar por completo el ganado mayor que muera como resultado de un accidente". 

"¿Quién dio esa orden?

"No sé. Supongo que el Ministro. Una orden como esa no la da cualquiera". 

Diez minutos después dejamos atrás el accidente, al chofer, todavía con el susto en la cara, que saca un poco del escaso petróleo de su tanque para quemar la escasa vaca convertida por la irresponsabilidad de una ganadero y un trastazo  en carne de res que  no comerá ningún enfermo ni ningún niño en un círculo infantil ni ningún becario ni ningún anciano beneficiado por el sistema de atención a la familia porque alguien dio una orden que:

"Ay, mijo, nosotros tampoco entendemos" -Me dice la perito de belleza extraordinaria al despedirnos.

 En el kilómetro 307 volvemos a encontrarnos con vacas, vivas, pastando en los bordes de la autopistas. Tranquilas. Seguras de que si provocan un accidente con personas muertas y daños materiales, tendrán la honrosa sepultura de los persas, y nadie las comerá... 

III

Las calles del centro de Las Tunas están limpias y muy bien pavimentadas. Para un turista, sobre un ómnibus Transtur o Vía Azul, Las Tunas será una ciudad limpia, moderna, bien cuidada. Para el rastrero, no. Para el camionero Las Tunas es la ciudad con la peor avenida circunvalante del mundo. Llena de baches, con tramos sin pavimentar y pésima señalización. 

Desde que tengo uso de razón -y ya tengo cincuenta años- por esa avenida circunvalante están obligados a transitar camiones y rastras porque los tuneros quieren cuidar su centro, tenerlo hermoso y reluciente para los viajeros. No importa que eventualmente un camión pierda la suspensión o se le parta una hoja de muelle por aquella circunvalante que está peor, incluso, que la de Camagüey por la cual hay que ir vigilando la carga pues te la roban sin que detengas el camión... Pero eso es otra crónica. 

IV

Entre Macuto y Los Cayos, en el municipio de Yara, por la carretera Bayamo-Manzanillo, hay una prohibición de velocidad. No puedes pasar de 40 km/h. Ninguno de mis choferes la entiende. La carretera en ese tramo está muchísimo mejor que la Autopista Nacional o la Central, no hay poblaciones en los alrededores, las curvas no son pronunciadas pero ahí está la señal y hay que respetarla.... 

Unos kilómetros adelante, entre Cayo Redondo y Las Novillos, nos sorprende una columna de niños y niñas que caminan, acompañados por sus maestros, sobre la carretera. No sobre la cuneta sino, literalmente, sobre la carretera. Van en el mismo sentido del tránsito y no de frente, como aconseja la prudencia cuando no te queda otro remedio que caminar encima del pavimento; si un auto pierde los frenos por detrás de ellos, no lo verán. Ninguna señal, ni auto policial los acompaña para advertir a los choferes del peligro: "No pasará nada", seguramente piensan sus maestros y las autoridades, quizás muy ocupados en hacer cumplir la orden para el destino de la vaca que provoca un accidente....  

Van, los niños y las niñas,  hasta algun a riachuelo a echarle flores a Camilo Cienfuegos. 






domingo, 22 de octubre de 2023

Sólo le pido al Dios de los Ateos


Esta entrada está dedicada a los pro-sionistas y/o subinopios que pretenden exigirme me pronuncie a favor del ataque israelí a los palestinos. Para mi está muy claro que los sionistas, amparados por los imperios británicos y de los Estados Unidos, son los únicos causantes de la barbarie en la franja de Gaza. Obviamente, no comulgo con la reacción de Hamas y creo que, como los rusos respecto a Ucrania, cayeron en la trampa de los señores de la guerra, los que se benefician con la venta de armas, municiones, logística de la muerte. 

Pero también me pregunto: ¿Qué hace un ser humano al ver que sus niños, niñas, jóvenes, ancianos, son periódica y sistemáticamente masacrados? ¿Qué haría yo, con toda y mi vocación por la paz,  si la bomba que alguien mandó a lanzar me mata o mutila a La Caro, a sus amigos, a su generación? ¿Qué Dios o demiurgo garantizaría que no reaccionara como Hamas si pudiera? 

Los poderosos, los que mueven los hilos de la guerra y la muerte, cuentan con los subinopios, esa legión de tontos del sí o qué, que como esperpentos comunicacionales se creen el cuento de lo aparente. Y lo aparente es que los Hamas son una sarta de terroristas odiosos cuando, en realidad, son la semilla germinado por el odio de los sionistas, sinónimo de fascistas. 

Ni el pueblo palestino ni el pueblo israelí se merecen esta guerra que sólo le viene bien a la bilis de Netanyahu y su legión de fascistas. 

He aquí mi postura para quienes la exigen -algunos tienen cierta masturbante obsesión con que este arrendador de rastras se pronuncie sobre asuntos sobre los cuales nada influye- y es por eso que digo como la poesía que León Gieco le cantó al mismísimo Papa Francisco hace unos meses, y que aquí les dejo como si fuera mi propia plegaria al de los ateos:

Solo le pido a DiosQue el dolor no me sea indiferenteQue la reseca muerte no me encuentreVacía y sola sin haber hecho lo suficiente
Solo le pido a DiosQue lo injusto no me sea indiferenteQue no me abofeteen la otra mejillaDespués que una garra me arañe esta suerte
Solo le pido a DiosQue la guerra no me sea indiferenteEs un monstruo grande y pisa fuerteToda la pobre inocencia de la gente
Es un monstruo grande y pisa fuerteToda la pobre inocencia de la gente
Solo le pido a DiosQue el engaño no me sea indiferenteSi un traidor puede más que unos cuantosQue esos cuantos no lo olviden fácilmente
Solo le pido a DiosQue el futuro no me sea indiferenteDesahuciado está el que tiene que marcharA vivir una cultura diferente
Solo le pido a DiosQue la guerra no me sea indiferenteEs un monstruo grande y pisa fuerteToda la pobre inocencia de la gente
Es un monstruo grande y pisa fuerteToda la pobre inocencia de la gente




jueves, 19 de octubre de 2023

¡Somos millonarios!

 Esta madrugada llegamos a UN MILLÓN DE VISITAS en OtraCita. 

¡Somos millonarios!

Gracias a todos los que comenzaron y ya no están, y a los que se mantienen a pesar de mis incompetencias. 

Abrazos. 

martes, 17 de octubre de 2023

Carretera II: la lucha.

 Hay un momento de la incipiente mañana en que los mosquitos realizan la entrega de guardia a los jejenes. Parecería que picar a cada vertebrado que encuentran en su radio de acción, forma parte del ritual solemne con el cual los culícidos abandonan su afán acojonante de no dejar descansar a los rastreros y llegan los papatasis (que no paparazzis) a continuar con la tortura. 

No sabría yo decirles a cuál Coyula se refiere el nombre de la calle que nombra el servicentro. Probablemente sea por Miguel Coyula Laguna, un escritor y luchador independentista escogido por el municipio Regla como su patriota insigne. Menos probable resulta que se refiera a Miguel Coyula Aquino, cineasta  cubano de mi generación, cuyas películas La Cucaracha Roja y Memorias del Desarrollo, jamás ha puesto nuestra televisión, la misma que nos "regala" dos bodrios de terror -terroríficas estéticamente- la noche en que nos muelen los dípteros en el servicentro de Coyula, a la salida de La Habana, ahí mísmitico, por la entrada fea sin señalizar, para la cual hay que atravesar el irregular separador de la Autopista Nacional con más baches que riñones humanos hayan sufrido jamás. 

Los rastreros con experiencia de las provincias cubanas, que vienen a La Habana, prefieren descansar en la explanada aledaña a Coyula en cuyos márgenes está la base nacional de la empresa de Transcontededores: "Nunca nos han intentado robar aquí. Antes venían dos o tres 'luchadores' con sus vasijas a 'rapiñar' un poco del petróleo del que ahorramos. Y ellos mismos nos cuidaban la carga mientras dormíamos. Pero hace rato no aparecen..."

"Se habrán ido para Nicaragua" -dice un camionero joven que hace tres días intenta completar el combustible que necesita para regresar a su provincia: "Mi rastra está arrendada, 'mano', y el dueño de la mypime me mandó pa acá na má con el petróleo de la ida, compay, y como no estoy en ninguna lista ni priorizao, hay que luchar el regreso..."

Hay múltiples variantes de lucha en todos los servicentros de Cuba. No voy a mencionar ninguna. Primero porque todos quienes deben conocerla, las conocen. Estoy seguro. Lo mismo quienes agudizan el problema cuando en sus manos está encontrar fórmulas para aliviarlo que quienes sacan ventaja hoy y se ven afectados mañana, como quienes hacen de la escasez  un modus vivendi, ¡qué viven muy felices, no digo yo!, en nuestra peremne crisis. Segundo porque no voy a facilitarle chivos expiatorio a los mismos que contribuyen a agudizar esta lucha. No se trata de un lugar, ni de un hombre, ni de una empresa, ni de un sector disfuncional. Se trata de una sociedad. Un país. 

Al amanecer nos reunimos alrededor de una fuente de agua potable, nos aseamos y conversamos. Llega un guantanamero que mal vive por los alrededores y nos vende "café de allá, nagüe", a veinte pesos el vasito plástico. ¡Es una bendición! Se habla de todo. De la vida de los rastreros en la yuma, de cómo asaltaron un convoy de rastra a la salida de Santiago y le robaron parte de la mercancía a una con todo y escolta policial, de los métodos que usan los malhechores para abrirte el contenedor aunque vayas a 80 km/h, de lo difícil que es pasar por Sagua de Tánamo, de los cables eléctricos por debajo de los 4.25 metros establecidos de altura, de los inspectores jodiendo a las rastras con matrícula estatal y dejando que los camiones privados hagan lo que les de la gana y amontonen a pasajeros y mercancía en sus cabinas como si fueran vacas, de los policías de Camagüey, Aguada y Rodas que te custodian y alertan y de los otros que se esconden para aparecer y multarte por cualquier cosa...

"A nosotros nos mandaron a cuatro rastras urgente a cargar harina a ochocientos kilómetros de nuestra base. A nuestro director, del gobierno lo tenían loco con la 'operación no sé qué cojones' porque se trata de la comida del pueblo y, en una tarde, alistamos los equipos, vinimos a toda máquina para llegar cuanto antes, echando petróleo de buchito en buchito en cada provincia por la que pasábamos y, cuando llegamos al Mariel, resulta que los contenedores aún no habían sido liberados. No pudimos cargar. Y aquí estamos. El director se entimbaló y nos dijo: 'Hagan lo que les de la gana. Regresen vacío si quieren' pero luego parece que respiró y lo pensó mejor: 'Vamos a buscarles carga con quiénes sean'. Yo la encontré con una Mypime con la cual tenemos contrato. Pero las Mypimes no están priorizadas -la harina, sí- y ahora no estoy en ningun listado así que me toca luchar para regresar cargado a mi base, y no dejar pérdidas". 

El Gordo Feliz está de cumpleaños. Lleva dos noches "durmiendo" en Coyula pues su carga, y su empresa, tampoco están priorizadas. No le pueden echar del combustible que queda en la bomba. Pero ahora está feliz porque, al fin, aparece en el listado de los que podrán habilitar, aun sin ser priorizados, si llega el camión cisterna para proveer al servicentro: "Son las tres de la tarde. Ayer llegó más o menos a esta hora", me dice esperanzado mientras, por enésima vez, le responde a su esposa por what apps que esté tranquila, que en cualquier momento él sale con su Internacional de los años ochenta, que él llega, que tenga fría la cerveza...

Ninguna de las rastras cargadas o por cargar, lleva o llevará mercancías que la gente no necesite, sin distinción de la forma de propiedad de quiénes la gestione. Hay alguien, en algún buró, que decide cuál debe llegar primero, cuál debe llegar después, y cuál debe llegar si un montón de gente se dedica a luchar. Esa son las reglas no escritas. Y todo es, ya lo ha dicho El Presidente, porque "las divisas no nos alcanzan". 

A las cuatro de la tarde vamos por la Autopista Nacional. Nuestro cliente, un extranjero que estudió medicina en la ELAM, se casó con una cubana y ahora es el administrador y financista del  negocio privado de la esposa, me va explicando las causas del ataque de Hamas a los israelitas desde que los ingleses cedieron parte del territorio palestino a los judíos errantes. El hombre tuvo paciencia: "Yo entiendo cómo es Cuba, tranquilo, hermano, entiendo cómo es Cuba"... 

No sé cómo puede entendernos. Ni yo mismo puedo. Pienso cuando un cartel me recuerda que el bloqueo existe.... y la lucha sin la cual, quien sabe, si existiríamos. 

Llegando al kilómetro 259 dos rastras International de los años ochenta nos adelantan como a 100 km/h. Suenan alegres las cornetas y le respondemos el saludo.  Son el arrendado y el cumpleañero uno detrás del otro... 

"Coño, menos mal que resolvieron. Van que jode con los suyos..."

Nos miramos en silencio pero el cliente, el chofer y yo, seguro vamos pensando lo mismo... 




sábado, 14 de octubre de 2023

Eclipse

 Por: Yadira Albet. 

Mis vecinas no ven el eclipse. No les interesa. Y no es que sea gente insensible sin amor a la naturaleza o incapaz de apreciar belleza y maravillas. Simplemente están ocupadas con otras cosas. La supervivencia es cosa seria, muy seria. 

¿Por qué digo esto? Simple: a veces detenerse a ver un eclipse o un zunzún es un privilegio. Aprender a apreciarlo y priorizarlo. Moverse en esa dirección. 

Yo no lo estoy viendo por vaga que soy. No quiero salir a la calle. Pero me encanta la luz atenuada porque la canícula caribe me tiene los ojos fritos.

Necesitamos más de estos. Va y la gente que de forma habitual no tiene tiempo ni cabeza para eso tiene un chancecito para disfrutarlo 😉



jueves, 12 de octubre de 2023

Carretera I.

No llega a sesenta años. En su rostro surcan los kilómetros recorridos. No sé si se va fijando en el arcoiris que duerme la siesta sobre el horizonte de la autopista nacional. Sus riñones sufren el traqueteo del camión con un arrastre de 28 toneladas. Son los baches del bloqueo y la mala administración. En mi caso, sufre la cervical. Junto a la cabina  rodamos un hombre cuya pasión desde adolescente es la carretera. Y otro que abdicó de tal reinado, rompió una dinastía de mecánicos automotrices, electricistas y choferes, para frustrarse como artista y volver al mismo punto...

"Aprende, compay, que si un día no te sirve para vivir puede que te sirva para no morir". -me decía El Viejo cuando yo tenía unos nueve años. Él era uno de los mecánicos de la base de ómnibus escolares de Manzanillo: 

"Hay cosas en la vida que  simplemente no se pueden revertir si se trastocan" -Dijo La Vieja un día, no sé por qué. Y El Viejo: "Bueno, pero una caja de velocidades siempre se puede revertir, si uno se aplica y aprende. ¿Verdad, mijo?" Y de nuevo se empeñaba en que mis manitos -que aun de hombre siguen siendo pequeñas- acomodaran la palanca de una caja de cambios de una de aquellas guaguas Girón V, y pusieran en su lugar los bolillos de seguridad para que no entraran dos velocidades a la vez, ni se trancara la transmisión del movimiento. Y cuando yo no lo lograba, se encabronaba y soltaba un: "¡Manos torpes, carajo!"


Rafa, el rastrero -trailero, les dicen en otros lugares de latinoamérica- y yo tenemos más o menos la misma edad pero él, mi compañero de viaje, parece mucho más viejo aun con su esbeltez. Acumula las arrugas de noches sin dormir, sustos ante la imprudencia y el infortunio, roturas y no pocas injusticias... A la una de la madrugada se repite el intento del mecanismo defectuoso de entrar dos velocidades a la vez, y vuelve a trabarse. 

Rafa pretende tirar la toalla. Lleva casi 48 horas en la carretera desde que salió a cargar, se nos rompió una correa en el kilómetro 205 de la autopista nacional, llegó la policía a custodiarnos y a  la carga de aceite, nos pusimos a atender las paradas solidarias de otros camioneros, luchamos contra los mosquitos en medio del monte, un pastor evangélico nos buscó agua para el radiador en casa de un campesino paupérrimo al que le regaló una camisa, solucionamos la avería con un machete y un trozo de madera, y una correa de mayor diámetro que la adecuada... 

"Aquí nos quedamos hasta mañana" -me dice cuando la primera velocidad se pone  testaruda a la salida de Las Tunas,  y no cede el poder a la segunda, ni a la tercera, ni a la cuarta... generación de movimiento. Es sabido que cambiar, cuando el sistema está defectuoso y es duro, puede volverse un verdadero calvario, pienso, y digo en voz alta: 

"Pero no vamos a rendirnos, hermano. Venga, deme las llaves que yo desarmo y vuelvo a acomodar esa mierda. De niño se lo vi hacer muchas veces a mi padre" -le cuento- Y yo mismo lo he hecho... -le miento. 

Un ómnibus pasa a exceso de velocidad en la misma dirección nuestra cuando logramos volver a acomodar la palanca. En realidad fue el propio Rafa quien hizo el trabajo. Yo sólo atiné a sujetarla en la posición adecuada. Tomó las llaves. Tal vez se sintió retado por mi determinación o, simplemente, se dijo: "Coño, pero si la verdad estoy a menos de ochenta kilómetros de mi esposa"... O recordó la llamada de su nieto, de apenas tres años, la mañana anterior "Abuelo, me traicionaste. Me dijiste que dormirías conmigo..." ¡Qué sabe un niño de correas deshechas y cambios que se resisten a caer!

Volvemos a rodar. La hermana del chófer me comenta: "Menos mal que vienes con nosotros si no nos quedamos aquí hasta mañana...". No lo creo. Este hombre ha hablado tantas veces hoy con su mujer y su nieto que no se iba a conformar con tenerlos a menos de dos horas de recorrido. Lo que pasa es que, a veces, se necesita una blasfemia y un empellón para seguir adelante.... "

¡Manos torpes, carajo!

Unos kilómetros antes de Vado del Yeso, vemos el ómnibus que nos había rebasado a exceso de velocidad estrellado contra un tractor agrícola. Parece no fue tan grave o el bus iría sin tantos pasajeros porque no se nota heridos ni ambulancias por los alrededores. 

"Eso es lo que da ir a millón" -digo yo. 

"Estaría loco por llegar a su apagón" -dice Rafa, tal vez, pensando en si mismo. 




martes, 10 de octubre de 2023

La marcha manzanillera que pudo ser Himno Nacional.

 En estas líneas, el historiador manzanillero Delio G. Orozco González, es interpelado por su homólogo holguinero José Abreu Cardet en busca de información sobre uno de los símbolos de la ciudad de Manzanillo; también para sacar a la luz los esfuerzos hechos en pos de su difusión y, al mismo tiempo, colocar en picota pública los impedimentos que, cual avalancha disolvente, han frenado la asunción colectiva de un símbolo identitario.     



José Abreu: La Marcha o himno de Manzanillo ¿qué significa para los manzanilleros?

Delio Orozco: La «Marcha de Manzanillo», que fue el nombre con el cual la bautizó su autor, debiera constituir para los manzanilleros símbolo sonoro de auto-reconocimiento, nota excitativa de orgullo patrio, acicate musical para soliviantar el espíritu público y timbre de honor de su conciencia colectiva y todo ello, por la talla de su compositor (El Padre de la Patria), por el momento de su creación (4 de octubre de 1868) y las motivaciones de su aparición (Céspedes y sus compañeros de armas habían planeado, como primera acción de armas, tomar la actual ciudad de Manzanillo y la Marcha fue pensada para enardecer el espíritu de aquellos que habían comenzado a ser hombres porque decidieron ser libres). La Marcha forma parte espiritual, aunque lamentablemente no legal, de la trinidad que dota a la ciudad de un completo sistema simbólico: himno, escudo y bandera.    

José Abreu: Luego de confeccionada por Céspedes ¿qué caminos ha andado en el universo musical?

Delio Orozco: Como resultado del fallo del factor sorpresa y la imposibilidad de tomar la ciudad, la Marcha quedó confinada a una página del diario mambí El Cubano Libre de fecha 26 de noviembre de 1868. Nunca, que tuviéramos conocimiento, fue musicalizada ni interpretada por nadie, hasta que a principios del presente siglo, el azar concurrente de la poesía hizo posible que el talento musical y el deber se dieran la mano para que, como Ave Fénix, la «Marcha de Manzanillo» comenzara romper las cadenas del olvido.

Era una noche del año 2004 y, ante la imagen pictórica del caudillo de Demajagua en el Teatro Manzanillo, solicité a Leo Brouwer la musicalización de la Marcha; nos acompañaba el músico bayamés Carlos Puig Premión; quien, presto y solícito demandó para si el trabajo que cumplió de manera cabal cuando en octubre de ese año entregó copia en CD al gobierno de la ciudad y a mi. Tiempo después, Boné; quien era director de la Banda de Conciertos de Manzanillo, hizo un arreglo para dicha agrupación musical; empero, luego de una única interpretación en sus habituales retretas del parque Céspedes, la partitura se perdió o la extraviaron. Más tarde, la Dirección Municipal de Cultura encargó a un órgano su instrumentación y en una tarde cualquiera, antes de la pandemia de la Covid-19, sentados frente a los corredores de la Casa de Cultura, unas 15 o 20 personas escuchamos salir de las entrañas del órgano oriental la «Marcha de Manzanillo».               

José Abreu: ¿Cuándo se interpretó?

Delio Orozco: Sus interpretaciones en vivo han estado a cargo del tenor holguinero Orlando Silverio; quizás, la más destacada de ellas -al menos para una parte de nosotros, los manzanilleros-, la realizó en octubre de 2015 durante un concierto que ofreció en el parque Carlos M. de Céspedes en la única edición de la Fiesta de los Inicios.     

José Abreu: ¿Quién la musicaliza?

Delio Orozco: Como ha quedado dicho, el músico bayamés Carlos Puig Premión, lamentablemente ya fallecido.  

José Abreu: ¿Cómo surgió la idea de que Silverio la interpretara?

Delio Orozco: Esa fue una decisión de Puig Premión. Intuyo que tener conocimiento del timbre y cualidades vocales del cantor holguinero, hizo que se decantara por este.

José Abreu: ¿Quién impulsó esa idea?

Delio Orozco: Creo, de forma inapelable, que nadie da lo que no tiene, ni ama lo que no conoce; también, que nadie quiere lo que desconoce ni defiende lo que no quiere; por ello, cuando me topé con la Marcha en el tomo I del libro Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, obra del matrimonio de Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo, vislumbré una pieza simbólica -otra más-, de las tantas que Manzanillo ha aportado a la cultura cubana; sin embargo, para echar a volar sus vibraciones había que empezar por casa y a ello -entre otros empeños cívicos-, he dedicado no pocas horas y esfuerzos. Reconozco al mismo tiempo que nadie es profeta en su propia tierra; por ello, la displicencia, la indiferencia y frialdad de unos no hace mella en mi espíritu, al contrario, tensa mis energías, pone a prueba mi constancia y confirma de que a las estrellas no se sube por caminos llanos ni acompañados del miedo. Desde hace más de una década propongo y sugiero acciones concretas para que la Marcha sea conocida y reconocida por los manzanilleros; también por los cubanos como una expresión concreta de ese núcleo duro de la cultura cubana que es la lucha constante por la libertad y la independencia, ora individual, ora colectiva. Esta conversación contigo se me antoja contribución a dicha pretensión; pues, para curar es preciso saber.        

José Abreu: ¿Cómo se organizó?

Delio Orozco: Después del encuentro en el Teatro Manzanillo, hice llegar la letra a Carlos Puig Premión, luego visité su casa para saludarlo y ver cómo marchaba el proceso de instrumentación. El acto creativo corrió por su cuenta y como he dicho, el bayamés cumplió como bueno.  

José Abreu: ¿Cómo contactaron con Silverio?

Delio Orozco: Fue Carlos Puig quien contactó con el holguinero Orlando Silverio.

José Abreu: ¿Qué banda o grupo musical lo acompaña?

Delio Orozco: Ninguna, es solo su voz.

José Abreu: ¿Dónde y en qué fecha se realizó la interpretación?

Delio Orozco: Por parte de Orlando Silverio, aquí en Manzanillo, en octubre de 2015, una década después de su instrumentación.

José Abreu: La acogida del público.

Delio Orozco: La mayoría de los manzanilleros ni siquiera saben que existe y sobre ese desconocimiento resulta lógica la expresión de asombro cuando la escuchan: "¡Yo no sabía que existía esa Marcha!, ¿por qué no se difunde y promueve más?", suelen decir después de oír por vez primera la Marcha.

José Abreu: ¿Se publicó en la prensa, se hicieron referencia en la TV y la radio?
Delio Orozco: Sí, en 20 años y solo dos ocasiones, he tenido la oportunidad de, a través del telecentro local Golfo Visión, promover la Marcha en dos programas de corte histórico; pero, esos dos momentos nada significan por lo efímero del instante y la falta de asunción por parte de los directivos de la televisión y la radio de la utilidad pública que significaría emplearla como cortinilla entre programas o fondo para campañas de bien público.

José Abreu: ¿Qué planes tienen con esa marcha para el futuro?

Delio Orozco: No debía ser para el futuro, debe ser para el hoy. Mientras más demoremos en apuntalar los horcones identitarios, legitimar las claves del orgullo patrio y socializar en racional y emotivos modos los esfuerzos y sacrificios fundacionales; más difícil será conjurar los efectos disolutivos que hoy se abaten sobre el corpus y la cultura nacional. Por ello y porque uno no nace en un sitio por azar; sino, para dar testimonio, desde hace cerca de una década elaboré un proyecto presentado una y otra vez a las estructuras de poder en Manzanillo y una y otra vez ignorado, donde señalamos la conveniencia de imprimir plegables con el sistema simbólico de Manzanillo y distribuirlo en escuelas, organismos, instituciones y organizaciones, estatales y no estatales, para que se conozcan cuáles son los símbolos y atributos de Manzanillo. En cuanto a la Marcha, lograr que la Banda de Conciertos de Manzanillo la incorpore a su repertorio y al menos, una vez por semana (ofrece funciones los jueves y domingos), cierre su concierto con la marcial composición; y que la radio y televisión local la empleen de manera habitual en su programación para que, cuando los manzanilleros la escuchen, no se asombren de su existencia y reclamen, con justicia, difusión y divulgación de una composición que les ahíta el orgullo de ser y pertenecer.          

José Abreu: Háblame de tu sentimiento hacia esa Marcha.

Delio Orozco: Como historiador no debo hacer evaluaciones sobre lo que pudo haber sido y no fue; sin embargo, como hijo y amador de este segmento de la Cuba Profunda -que un hombre no es de donde nace; sino, de donde hace y le hacen, bien y mal-, consciente al mismo tiempo de que la historia demuestra pero la literatura convence; finiquito este diálogo con un supuesto que delata mis sentimientos: -Si Céspedes, al frente del naciente Ejército Libertador, como tenía pensado, hubiera tomado la ciudad de Manzanillo y al entrar en ella hubiera distribuido entre sus habitantes la letra para enardecer el espíritu de sus habitantes invitándolos a entonarla; hoy, el Himno de la República de Cuba sería la «Marcha de Manzanillo».  

Manzanillo de Cuba, martes 5 de septiembre de 2023.
A 12 kilómetros de Demajagua, Altar de la Patria. 

domingo, 8 de octubre de 2023

Bienvemido Mr Wanda o El Mundo de Hoy.

 Esto lo descubrí en medio de la Autopista Nacional, entre mosquitos y esperanzas de encontrarle solución a la rotura de una rastra. 




martes, 3 de octubre de 2023

El Flora y mis oídos: 60 octubres después.

 Por: Armando Fernández Álvarez. 


Hoy tengo un oído fuera del área de cobertura y el otro en lista de espera. 

Pocas cosas caen del cielo como la lluvia, los truenos y el maná. La mayoría son consecuencias y estragos del tiempo. Conozco algunas.

Hace sesenta, la niñez de mis seis años era, junto a la de mi hermana y una vecinita,  bajo la lluvia coger almendras que la furia del viento hacian caer sobre nuestro portal.

Para los mayores sería un huracan. Para nosotros, no ir a clases y una diversion.Tantos dias de lluvia y almendras dañaron mis oídos, quizás predispuestos, y estallaron entonces en secreciones oscuras sobre la almohada. Mi viejo, preocupado, acudió a mi tio Pacheco, dueño de un De Soto del 48 que era su orgullo.

Armando en 1966, cuando aun era bonito, junto a su vecina durante un carnaval infantil 


Pacheco tenia dividido su dia en tres secciones: una de mecánico como sustento, otra "pasándole la mano al De Sotu" y la tercera de ron, guitarra y tabaco. La última la gozaba él con sus boleros,  desquiciaba a mi refinada tia y me divertía a mi. 

Pacheco era Pacheco pero cuando oyó: "Está enfermo Pachirolo" (asi me llamaban él y Cipriano, el bodeguero) saltó como un resorte. La idea era llevarme al hospital de San Juan de Dios, sitio sagrado donde quemaron los restos de El Mayor. No pudimos llegar. El río Hatibonico, salido de su cauce, ocupaba parte del centro de la ciudad e impedía el paso.

De regreso al barrio una vecina, enfermera muy anciana, sentenció: "Eso no tiene otra salida que la penicilina", y le dio a mi viejo varios bulbos.

Entonces entró en acción Cuatro Pelos, el barbero del barrio. Era un domador de niños en su barberia. En aquellos tiempos, todos los chamas pataleaban en el sillon. No sé por qué no sucede ahora. 

Cuatro Pelos llegó a casa y, haciendo gala de su magia, preparó bajo mis narices la jeringa mientras me contaba sobre el perico mal hablado de su barberia, del mal genio de su perro guardián o del catey de su patio que no hablaba pero tampoco paraba de joder. 

Durante años, supe que ya habia pasado el susto cuando me regalaba el algodón con alcohol con que frotaba el pinchazo.

A las distancia de 60 octubres quisiera decirle con el recuerdo: Gracias mil por tu magia Cuatro Pelos, humilde barbero de barrio.

Luego vinieron otras crisis. La peor fue en el 69. Sembrábamos caña para "la zafra de los 8.5 millones" en las márgenes del rio Tana, municipio de Amancio Rodríguez. 

Era el sexto grado y la niñez nos divertia otra vez bajo los aguaceros del campo, baños en el rio:  en el "charco de la turbina",  a pesar de que El Turbinero nos asustaba con "hasta aqui llegan a veces los caimanes"

Por tanta agua explotaron otra vez mis oidos. La Directora, de apellido Vergara,  montó junto a mi en un camión Zil Comercial de tirar caña. Atravesamos media provincia por caminos vecinales hasta llegar al nuevo hospital infantil. 

Era La Vergara un ser especial. Un dia me llevó del seminternado para su casa y, Singer de por medio, ajustó a mi reducida talla el nuevo uniforme carmelita, de becado. 

Nadie nunca imaginó que aquella exquisita maestra, de trato tierno, sabiduría de enseñar y principios éticos, un día de rabia perdonable ajusticiara a revolver a su nuevo esposo cuando descubrió que había violado y embarazado a su hija adolescente. Las leyes de los hombres la condenaron: yo la recuerdo, agradecido. 

En la consulta, el otorrino explicó a mis padres las opciones: "operar el oido al 50% de éxito, o amigdalas y adenoides afuera como solucion paliativa. Optaron por la segunda.

La solución funcionó durante 50 años hasta que el ambiente agresivo de África: el polvo y el agua turbia de Luanda, revivieran la dolencia. 

Ya en Cuba:  colesteatoma, salon, cirugia, recuperacion y curas cada vez mas espaciadas hasta que un dia: ¡Mi cirujano se fué!  Después de recuperarme de la sorpresa, no cabe otra que recordar con gratitud su trato, su comunicación y preocupación constante.  Sus saludos cariñosos: "¡Armanditoooooo! Le deseo de corazón una próspera nueva vida. 

En poco tiempo encontré un nuevo especialista, por suerte tan bueno como aquel,  y hasta mas experimentado. Estoy en buenas manos y oyendo sus consejos...  hasta que pueda.

El sol tiene manchas y la Luna cráteres. Muy por encima de ellas agradezco a la medicina cubana su desempeño. Es heróico, muchas veces, lo que logran con tanta precariedad de recursos, algunos despistes y burocracia.

Volviendo a los ciclones:  en el Servicio Militarm estando en Jaranú, conoci dos mellizos que vivian junto al río Cauto cuando el huracán Flora. Un dia me contaron la tragedia. Se salvaron porque su tío quiso llevar la familia a sitio seguro.  Sólo logró, mucha insistencia, que su hermano le entregara los mellizos porque: "¡No abandonaré la finca y los animales, aqui nunca ha llegado el rio!,  fue la respuesta. Y se quedó a enfrentar lo que nadie conocía. 

A los abuelos, padres y hermanos mayores de los mellizos nunca los encontraron. El agua alcanzó alli la altura de una palma . A la finca nunca más volvieron. Era demasiado el trauma.

Aquellos buenos amigos  se empeñaron en una tarea imposible: enseñarme a tocar guitarra.  Con los meses desistieron y trataron de salvar el escollo con instrumentos más sencillos. Ni claves, ni maracas, ni timbales:  "No tienes oido para la musica" sentenciaron  cuando se rindieron. Tenian razón. Toda la razón del mundo. 

Todavía sigo así.

 Sin oidos...

lunes, 2 de octubre de 2023

Carta a un amigo o proyección de futuro.

 Por Elsie Carbó*.  

Estimado Orrio: 

Creo que deberías pensar en olvidar un poco a la compañera Rosa Luxenburgo, o al viejo Marx porque en definitiva ellos ya no están y por lo que sé, tampoco van a venir a poner orden aquí, y si lo hicieran andarían en Lexus o Audis, Toyotas o de esos más modernos, raudos y veloces con cristales oscuros por las grandes avenidas, con más deseos de regresar que de otra cosa.  Así de sencillo, quién no recorra la Habana profunda, sus calles y sus barrios no puede dar mucha fe de lo que está sucediendo ni de lo que está por venir a la vuelta de unos pocos años. 

Piensa:

 Infanta rumbo al malecón, una puerta recién barnizada, cristales relucientes y un discreto letrerito en colores OPEN, y otro espacio, galaxia de sorpresas, gente joven sonriente con un menú en la mano, apoteósico, irreverente, no quieras ver, las mil y una noche. Esas puertas al cielo se repiten posiblemente cada 200 metros en cada cuadra, lo mismo en el Vedado, el Cerro que en Centro Habana, con ciertas diferencias geográficas o de construcción, emulan en cual puede lucir mejor y agradar más, luces que parpadean, pantallas cilíndricas y emplomadas, velámenes púrpuras con sabor a chocolate, hay quien se lanza al mundo de las artes y cuelga hasta las estampillas, Mariano Rodríguez y Amelia Peláez confraternizan con ángeles y cornetas. Algunos dejan los sustos y sacan de las filas hasta Yemayá o Ho Chi Ming... Por no decir de los otros. 


Calle San Lázaro no es menos en la cabalgata hacia el después, vale decir futuro, tan llevado y traído, todavía no hay lumínicos en las aceras para anunciar el Paraíso, o el Volcán, ni la Esquina de Ortega, pero ya bajarán los impuestos para estos adminículos que hicieron de La Habana la estrella del Caribe.

 Espera un poco, esas calles volverán a brillar como el fuego de Jerusalén. ¿Qué puede importar ahora un apagón, o el anciano del abrigo rojo tirado en el quicio donde dormía el caballero de París? ¿A quien le podría preocupar la basura en una esquina de Santos Suárez si al lado está la Mansión que tiene la mejor paella de la zona? 

A media tarde mil quinientos pesos desde Jovellar a Boyeros en un velocípedo, Olofi debe haber perdido el rumbo, se lo dices a tus santeros, mi vaticinio, como te dije al principio, es para unos pocos años por venir, si no demoran mucho en plantar sus negocios los bienaventurados emprendedores que fueron a escuchar música a Estados Unidos.

Realmente mi querido amigo, bajo el ardiente sol de nuestra patria no habrá placer mayor como una tarde de recuerdos con una cerveza bien fría en el aire acondicionado.

 Pero no será para ti ni para mí.


*Elsie Carbó es periodista cubana nacida en Cumanayagua, un municipio del Escambray cienfueguero Trabajó  en el periódico Juventud Rebelde. Gran defensora del bienestar animal.