miércoles, 9 de noviembre de 2022

Caminos de esperanza

Cuando estudié en el ISA, en Holguín hace más de treinta años, enseñaban a no comenzar la fase de producción de un documental sin enunciar sus objetivos, sin un esbozo de la historia que quiere contar y un punto de vista definido.

 


    Subir a  un ómnibus y luego a un camión atestado de estudiantes de medicina, irme a casi 800 km de distancia de La Habana, llegar sin siquiera tener unos permisos de filmación al parecer imprescindibles en la zona aun cuando ninguna ley cubana lo refrende,  no contar conque aquí solo hay de 12 a 14 horas de electricidad al día y, de contra, pretender filmar en apenas 48 horas es, evidentemente, un disparate a los efectos de aquellos vetustos académicos que intentaron enseñarme y no lo lograron.

    Mientras tres jóvenes formados por el sistema educacional cubano y tres familias, también formadas por el sistema educacional cubano, se visten de Ku Kux Klan y provocan declaraciones urgentes, artículos periodísticos, enfoques heurísticos y estructurales, eruditos acercamientos teóricos y, quien sabe, si hasta eróticos conceptos; Yanitza ha rendido un examen de psicología en la Facultad de Ciencias Médicas de Manzanillo. Va de pié en el destartalado camión que transporta pasajeros por la carretera de la costa granmense. Debate sobre el examen con algunos de sus compañeros machos que van sentados en los precarios bancos ubicados en la cama del vehículo, y ninguno muestra la más mínima intención de darle una oportunidad de que vaya menos incómoda en los 81 kilómetros de recorrido. Que si las características distintivas de la adolescencia son estas o las otras, que si los sentimientos y las motivaciones. Yanitza solo puede sentarse cuando baja la mayoría de los pasajeros en Media Luna. Ella va a pasarse el fin de semana con su familia, en Sevilla: ¨Y a aburrirme tremendamente, me dice, ¨allí no hay nada que hacer¨. ¨A lo mejor este sábado es más divertido¨, le respondo desde mi atalaya de casi cincuentón, como quien trae una carta debajo de la manga.

    Mientras  tres tontos jóvenes ponen a un montón de cubanos a debatir sobre racismo en Cuba en las redes sociales, las oficinas de los ideólogos y los claustros; en el poblado de Sevilla Arriba la gente se pregunta si, por fin, el gobierno del municipio cabecera, Pilón, autorizó la realización de una corrida de cintas, y un baile de órgano oriental. ¨Siempre es un problema para que autoricen las corridas de cinta¨, dice la señora que me sirve de anfitriona. Tiene sesenta años y custodia el destartalado taller de una cooperativa donde están parqueados cuatro o cinco vehículos agrícolas, no menos destartalados. ¨Porque se ponen a apostar y, a veces, terminan fajados¨

    ¨Y otro montón de veces no pasa nada, y solo la pasamos bien con algo que nos gusta hacer, vea¨, se aferra su nieto, de 17 años, al que ¨todos buscan por dos cosas: para trabajar la tierra porque es un mulo trabajando, y para las corridas de cinta porque se le dan bien los caballos¨, me comenta luego el padre, director de la Orquesta Turquino: ¨Jamás le ha interesado la música

    La Orquesta Turquino es una agrupación profesional de música popular bailable, representada por una empresa promotora bayamesa. Por un tortuoso y empedrado sendero, caminamos hasta Las Guásimas, a 11 kilómetros del poblado Sevilla Arriba, donde nacieron su director y cuatro músicos más. En Las Guásimas, Julio, el director de la Casa de Cultura de El Plátano, comenzó a trabajar hace más de treinta años con niños y jóvenes de la comunidad con aptitudes musicales.

    ¨Aquí había muchas casas, un campo de pelota aquí mismo, en este potrero, también había un centro mixto (centro comercial), de todo, me cuenta Julio. ¨Yo era maestro de la escuela y poco a poco fui captando a todos estos muchachos, que eran jovencitos, y les gustaba la música¨. Este era hijo de bodeguero, el otro de pescador, la mayoría de familia de monteros. Pero el caserío se fue despoblando, los jóvenes se mudaban para distintos pueblos: Niquero, Manzanillo, Bayamo, La Habana y más allá. Hubo que prácticamente cerrar la escuelita. Cuando vino el ciclón Denis me tumbó la casita y las autoridades me propusieron darme un terreno en Sevilla Arriba, y allá me fui aunque nunca he dejado de trabajar en El Plátano, que está mucho más cerca de aquí que de donde vivo ahora. Las autoridades de Pilón querían hacerme  mi nueva casa de madera pero yo dije que no, que me la tumbaría el siguiente ciclón y  de nuevo sería empezar. Que yo la haría de bloques o ladrillos. Entonces, para presionarme, se negaron a darme bloques o ladrillos. Porque para ellos era un número a anotar en un plan de cumplimiento y por eso querían  terminara rápido mi casa como quedara. Pero no me dejé presionar. Trabajé duro. No les quedó otro remedio que ayudarme y venderme el cemento si querían cumplir los planes, y yo mismo fabriqué los bloques. Es así como me fui de Las Guásimas, como casi todos, pero cada día vengo, por lo menos, hasta la Casa de la Cultura del Plátano, casi siempre en bicicleta hasta donde puedo, y luego a pie¨.

    ¡Qué agreste recodo!, pienso justo cuando nos cruzamos con, el que parece, un campesino rollizo que viaja sobre un carretón de dos ruedas - llamado arañita- tirado por una yegua marrón. El hombre hace un gesto imperativo, se detiene y se detienen mis acompañantes. Alcanzo a escuchar:

- Oye, Julio, el lunes tenemos que hacer un análisis. Mandaste un órgano para una fiesta anoche, y eso no lo habíamos autorizado.

 - El órgano estaba programado anoche para Sevilla, si coincidió con una fiesta, o si el verdadero objetivo de la solicitud era una fiesta particular, eso no es problema mio. Los músicos solicitaron actuar ahí, los pobladores lo querían, y no vi ningún problema en que actuaran.

 - Pero en esa fiesta hicieron corridas de cintas por la tarde, y lidias de gallo, y nosotros no lo habíamos autorizado.

 - Entonces le correspondía a ustedes, no a mi ni a los músicos, parar todo aquello.

 - Bueno, chico, pero tú debiste estar a la viva y no autorizar el órgano ese. Esa fiesta nos la organizó un cubano-americano que antes vivía en Sevilla, y vino de visita.

    El hombre, al detenerse, ha interrumpido el paso de un joven y una muchacha que van sobre otra arañita. Cuando el hombre resopla y azuza su yegua marrón, el joven nos dice al cruzarse con nosotros: ¨Bueno, se jodió, porque la gente gozó. Ese lo que no quiere trabajar¨.

    No puedo evitar reírme. Pregunto quién había sido  el autoritario, y me responden: ¨Ese es el jefe de sector de la policía¨.

    Envuelta en un paisaje de profusa flora, fauna silvestre y ganado, está la casa natal de Guillermo García, aquel joven campesino que, con su familia,  ayudó a Fidel y los rebeldes luego del combate de Alegría de Pío. Ahora aquí hay un museo, y enfrente una especie de mausoleo. Una niña nos recibe con ojos de azabache. Julio pregunta por fulana, la especialista, y la niña corre a avisarle. Al rato regresa y nos dice que fulana está durmiendo. Entonces Julio va él mismo a buscarla.

    Cae la tarde y la luz ribetea y mancha como en un cuadro neo-figurativo.

    Le pregunto a la niña con ojos de azabache si ella ha entrado alguna vez a este lugar: ¨Claro, chico, cantidad de veces, si mi abuela trabajaba aquí y le ha cocinao al señor viejito que ayudó a Fidel¨. Entonces se pone a explicarme, sin inmutarse ante la cámara, que allí están las tumbas de los hermanos y padres de Guillermo García y que: ¨Aquí lo van a poner a él¨, y me enseña una lápida sin rótulo.

    Llega la especialista. Una mujer joven, un poco gruesa, de mirada expresiva. Sonríe:

 - Yo pensaba que eran unos que andan por ahí haciendo un documental clandestino pero me asomé y vi que eres tú, Julio, y tú, que aun me deben una actuación de la orquesta aquí -y señala al director musical de la Orquesta Turquino.

 - ¿Y está permitido que actúe una orquesta de música popular bailable en un lugar como este, en un museo, donde hay recuerdos tan sagrados? -Le pregunto.

 - Claro que sí. Esto es el Museo del Campesino Rebelde no un monasterio. Aquí nos gusta que vengan los campesinos, que hagan las cosas que les gusta hacer, que haya décimas, improvisaciones, se cante mejicano, se haga café en el pilón...

 - ¿Y también que haya corrida de cintas y baile de órgano?

 - ¡Corridas de cintas y baile de órganos también!

    Entre el trino de pájaros que mi desconocimiento innombra y aprecia, un gallo guapetón, varias gallinas criollas y el bramido de un carnero arrogante, la especialista nos cuenta su anhelo de darle más vida a El Plátano, que ha escrito en un proyecto denominado Caminos de Esperanza. Que ¨aunque mucha gente se vaya, quedan aun muchos repentistas, cantantes de rancheras, narradores orales. Gente que tiene mucho que expresar en directo sin que medien esos telefonitos y esas redes que tienen como embrujados a nuestros niños de por aquí, que algunos ya no quieren ni bañarse en el rio, ni cazar animales, ni esconderse en los montes ni hacer lo que siempre hizo el campesino¨.

    La pasión de la especialista del Museo del Campesino Rebelde, me acompaña todo el recorrido de regreso hasta Sevilla Arriba. Hemos salido sin sol y hemos llegado sin electricidad.  Para que hubiera agua, y bañarnos, varios vecinos reunieron dinero y le pagaron a un tractorista que arrastra una pipa para que les llenara los tanques. Julio, en un rato, se irá a cuidar su siembra que ya está casi lista, no se la vayan a robar. Noche sin nubes. Sobre el cielo de Pilón tintinea una luz. ¿Será un avión o un satélite de Elon Musk? A lo lejos unos jóvenes cantan. Tal vez Yanitza sea una de ellos. Y de repente descubro que ya tengo el objetivo, la historia y el punto de vista de mi futuro documental...

 

lunes, 7 de noviembre de 2022

Matías Pérez

 Por: Juan Maria Ferran Oliva. 

 

C

orría el año 1959 y en mi deambular por la Habana Vieja llegué a lo que fuera el Palacio de los Capitanes Generales. Llamó mi atención un grupo de personas aglutinadas alrededor de algo situado en el extremo del espacioso portal, casi en la esquina con la calle Obispo. Se trataba de una vieja fosa en cuyo fondo yacía un esqueleto. En siglos pasado el lugar fue ocupado por una iglesia cuyo patio era utilizado como cementerio. Era, seguramente, la explicación del macabro hallazgo. Me integré al grupo y en breve llegaron otros curiosos uno de los cuales me preguntó la causa del alboroto. Se me ocurrió la sarcástica idea de comunicarle que se trataba del hallazgo del esqueleto de Matías Pérez. Se lo tomó en serio y comunicó al grupo la absurda noticia acogida con asombrosa ingenuidad.  Opté por hacer mutis ante la eventualidad de que se percataran de mi cáustica explicación y se sintieran burlados. No puedo resistir ser irónico.

El aludido fue un personaje real. Era un portugués avecindado en La Habana donde poseía un próspero negocio de toldos, por entonces muy demandados. Su singular desaparición dio origen a un dicho popular aplicado a las perdidas inexplicadas. 

    ¡ Voló como Matías Pérez!

Fabricaba también velas, marquesinas y cualquier objeto por el estilo. Eran como trajes a la medida elaborados ad hoc para cada cliente. Su prestigio profesional fue tal que lo apodaban rey de los toldos.

Además de su oficio se aficionó apasionadamente a los aerostatos y leyó cuanto se publicaba sobre ellos. 

A fines del siglo XVIII e inicios del XIX se realizaron audaces experiencias con dichos artefactos. Estaban compuestos por una gran bolsa acumuladora de algún gas mas ligero que el aire, lo que les permitía levitar. Una barquilla colgada de la parte inferior constituía el vehículo de los tripulantes. No contaban con un propulsor y su control se limitaba a la elevación por lo que su ruta quedaba a merced de las corrientes de aire.

Los célebres hermanos Joseph y Jacques Montgolfier realizaron la primera demostración pública el 4 de junio de 1783 en Francia. Utilizaron una esfera de diez metros de diámetro construido de tela y papel, aplicando el principio de que el aire caliente era de menor densidad que el frio y tendía a subir. Miles de parisinos quedaron anonadados cuando se elevo el globo portando un gallo, una oveja y un pato en la barquilla.  Luis XVI, María Antonieta y la corte se contaban entre los presentes. Quizás fue el inicio de la fiebre de los globos aerostáticos que en Europa y América apasionó a un grupo reducido de audaces. 

En la Isla finiquitaba la primera mitad del siglo XIX. Continuaba el auge de la plantación esclavista azucarera y muchos indianos regresaban con su riqueza a sus orígenes. El boom azucarero había convertido a La Habana en una de las ciudades más cultas de América. Sus teatros competían con los mejores de otras latitudes y atraían obras operáticas y espectáculos soberbios como la navegación en globo. En 1844 había tenido lugar la llamada Conspiración de la Escalera utilizada como pretexto para detener el auge de las insurrecciones esclavas, eliminar la influencia de la creciente burguesía negra y eliminar los sentimientos independentistas. 

El portugués de marras no fue el primero en volar un globo en Cuba. Inició la saga el francés Eugenio Roberston que el 19 de marzo de 1828 asombró a los habaneros al elevarse en su globo Ville de Paris en la Plaza de Armas. Un lugareño llamado Jose Domingo Blineau fue el primer cubano en repetir la hazaña en 3 de mayo de 1831. 

La pasión por los globos acercó a Matías Pérez con Roberston y se convirtió en su eficaz asistente durante sus presentaciones en La Habana. En varias ocasiones lo había acompañado en sus vuelos y finalmente le compró el Ville de Paris.

En 1856 -previa autorización del gobernador de turno- el lusitano realizó un exitoso vuelo a pesar de algún inconveniente técnico que pudo superar. Fue a parar a las afueras de la ciudad. Creo que al actual Palatino.  El 29 de julio del propio año realizó su final ascenso en globo. Una multitud se agrupó en el Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad. Así era llamado debido que en él se llevaban a cabo ejercicios militares. Una banda de música complementó el espectáculo. 

El aerostato se elevó portando a su audaz piloto que pagaría cara su osadía. El viento lo empujó hacia el mar y unos pescadores fueron los últimos en contemplarlo. Pronto se convirtió en un punto en el horizonte y nunca más se supo de él. 

Me pregunto que habrá sido de aquellos incautos que se tragaron sin reparos la irracional versión del esqueleto. Quizás volaron como Matías Pérez.  

 

Fin

 

sábado, 5 de noviembre de 2022

El infierno entre Aguas de La Habana y la Empresa Eléctrica.

 He aquí un testimonio que demuestra que, por más que aprueben leyes y resoluciones que pretendan proteger al cliente, muchas veces en la práctica se vuelven un espejismo legislativo y prima, por parte de las entidades estatales, el irrespeto y la desconsideración a los ciudadanos. 

Por: José Ramón Wong Long-Chong. 

         Ariadna Calderín Alfonso. 


   El 25 de agosto escuchamos una explosión en el vecindario que hizo que el voltaje subiera y bajara violentamente en nuestra minúscula casa, eran las 4:17 de la tarde. Nuestro refrigerador, prácticamente nuevo, comenzó a hacer un ruido espantoso denunciando su muerte. La explosión resultó ser un poste de electricidad caído.

 Inmediatamente fui a la Oficina Comercial de la Empresa Eléctrica de Centro Habana para reclamar por la rotura del refrigerador y allí me dijeron que llamara al 18888 e hiciera un reporte. Llamé al instante y la operadora 57 me atendió. Esa noche vino el carro de guardia de la empresa eléctrica y sus operarios me dijeron que no iban a entrar a mi casa a ver nada porque la culpa no era de ellos, era de Aguas de la Habana.  Llamé otra vez al 18888, y la supervisora 52 me dijo que los operarios del carro de guardia habían cerrado el reporte con el pretexto de que yo no los había dejado entrar en mi casa a hacer las mediciones. Cuando le dije a ella que eso no era cierto, me respondió que fuera al día siguiente, 26 de agosto, a la oficina de atención a la población de la empresa eléctrica a contarles esto mismo. Fui y presenté la queja. 28 días después, aún con nuestro refrigerador sin vida, el 22 de septiembre de 2022, la empresa eléctrica me comunicó que ellos no me iban a arreglar mi equipo roto ya que el responsable era Aguas de la Habana. Entonces vino el huracán Ian...

 Retrocedamos un poco en el tiempo: a los 7 días de la explosión por el poste caído que rompió nuestro refrigerador y electrodomésticos de otras familias fuimos a hablar con el delegado del poder popular de mi circunscripción y le pedimos una reunión con el consejo de la administración municipal para plantearles nuestro problema así como una serie de otros muy lamentables que afectan mucho a nuestra comunidad. El delegado desapareció, no tuve más acceso a él, no nos dio respuesta; aunque quedó con nosotros en gestionar dicha reunión. 

 Mi esposa y yo tenemos una hija de 7 años que es atendida en el Hospital Pediátrico Pedro Borrás porque tiene serios problemas de bajo peso por desnutrición y necesita una atención especial en su alimentación, lo cual nos resulta imposible realizar sin nuestro refrigerador funcionando, más en estas muy difíciles circunstancias que vive el pueblo de Cuba a esta hora.  El 20 de septiembre entregué una carta en la oficina del gobierno municipal dirgida al Intendente con las mismas solicitudes que le manifesté a mi Delegado y nadie me ha respondido

 El lunes 3 de octubre, tras el paso de Ian y sus desastres fue que pude ir a Aguas de la Habana y presenté por escrito la reclamación. A los 16 días recibí la respuesta; reconocen su implicación, pero no me repondrán mi refrigerador porque, según me dicen, mi vínculo contractual en materia de energía eléctrica es con la OBE de la Empresa Eléctrica y no con Aguas de La Habana. Un dia después, el 20 de octubre entregué una carta dirigida al Gobernador de la Capital solicitando una solución y quien recibió la misma me dijo que la respuesta demoraría entre 30 y 60 días. Le dije que yo no podía esperar tanto y me respondió que no había prioridades en eso, reiterándome que era de 30 a 60 días. Llevamos más de 2 meses (72 días) sin refrigerador. No podemos esperar más. Necesitamos nuestro refrigerador. 

Querido Presidente de Cuba, querido Primer Ministro: 

 ¿Qué institución del Estado va a arreglar o reponer nuestro refrigerador que una institución del Estado rompió? 

 José Ramón Wong Long-Chong

 Ariadna Calderín Alfonso 

 Teléfonos: 78781848 

 59968835 

 58389540 

 Whatsapp: 58389540

jueves, 3 de noviembre de 2022

Meditaciones sobre el racismo en Cuba.

Por: Delio Gabriel Orozco González.
Miembro de la Academia de Historia de Cuba.
Investigador e Historiador de Manzanillo.


El tema del racismo en Cuba es complejo y multicausal. Aquí les dejo algunas pautas desde la cosmovisión de un hombre cuyo color de la piel es el blanco.


1.-Es necesario, para comprender el fenómeno en la Cuba de hoy, algunas precisiones conceptuales. El racismo en Cuba, desde una mirada pública y de la jurisprudencia, no es sistémico ni legal; es, básicamente, un prejuicio mental, un condicionamiento cultural y una manifestación formal; las más de las veces verbal (“negro e‘ mierda”, “negro pasú”, “negro churroso” y otros epítetos denigrantes), a lo que se suman “chistes” donde el que más mal parado sale es el hombre de piel negra, con la excepción de aquellos donde se refiere a las dimensiones de su falo, expresión por cierto de una cultura también andrógenica y machista. Es cierto, no se pueden descartar otro tipo de manifestaciones racistas concretas (denegación de algún puesto laboral, engaños, etc.); pero, estas se excusan en otros por cuantos; toda vez que, desde el triunfo de la Revolución, legalmente quedó proscrito y, desde finales de los 90 del pasado siglo, comenzó en Cuba una campaña por tratar de superar tal estigma. La discriminación racial a nivel práctico, tras una demostración real por parte del segregado, está penado por la ley y la creación de grupos y entidades (Comisión Aponte de la UNEAC, por ejemplo), para la lucha contra este flagelo humano, es muestra de una política coherente por parte del estado cubano.

2.-Para entender estos elementos supérstite en la sociedad cubana hay que patir de la comprensión de la formación histórica nacional. Que la opulencia de la Mayor de las Antillas en la época colonial (más de 400 años), se haya erigido sobre el sudor y el trabajo de cientos de miles de hombres y mujeres esclavos de piel negra; explica, en primer lugar, cual era el concepto que de ellos se tenía: máquinas de trabajo, a los cuales, si algún cuidado había que darles, era para mantenerlos funcionando; sobre todo  por el valor que llegaron a adquirir después de suprimida oficialmente la trata.  El uso de las negras, como objeto de placer por parte de amos de hombres, rancheadores y otros hombres blancos, demuestra el desprecio por ese grupo étnico (no digo raza porque eso es una invención cultural para justificar el racismo; o sea, la existencia de “razas inferiores”); aunque, es preciso reconocer que en su pena llevan su redención, porque en la medida en que fueron procreando seres de piel menos oscura, fueron dotando a la cultura cubana de su verdadera dimensión: el mestizaje, la mezcla, la hibridez. Ellos, siempre excluidos, vituperados, maltratados, arrinconados, asesinados, marcados por el látigo y el fuego, tratados como bestias las más de las veces, se convirtieron no sólo en los mejores artífices de la riqueza material del país; sino, que aportaron su sabia para dotar a la isla de ese crisol que es hoy la cultura cubana.

3.-Que los hacedores del proceso político independentista cubano entendieran, en sus representantes más ilustrados y progresistas, que Cuba Esclava era incompatible con Cuba Libre, explica muchas cosas. Primero, que el racismo no sea estructural como lo es en EUA; pues allí el tema de la esclavitud fue pospuesto; mientras en el nuestro, desde el primer día (recordemos el gesto de Céspedes y los hombres que aquel día le acompañaban) resultó preocupación y ocupación de los libertadores; segundo: esa conciencia, junto al papel activo y destacado de negros, mulatos y mestizos, en  las luchas por la independencia, fue otorgándoles, de facto, un lugar que nadie podría después arrebatarles, a pesar de las máculas republicanas y como corolario de esta simbiosis (antiesclavismo de los independentistas y participación activa de negros, mulatos y mestizos en la construcción armada del estado nacional; la construcción material y genética ya la habían hecho), le ahorró dolores y sufrimientos extraordinarios a Cuba. Si bien en los primeros 60 años del siglo XX, los elementos discriminatorios fueron muchos más visibles; en esa misma época, su aporte fue no solo reconocido por intelectuales de calibre como Fernando Ortíz, considerado el tercer descubridor de Cuba (tal título no puede pasar desapercibido); sino que, desde la política, el arte y la vida social hicieron valer su impronta; tal vez por ello no tuvimos ni Jim Crow, ni linchamientos masivos, ni leyes segregacionistas, a pesar del triste y vergonzoso episodio de la Masacre de Independientes de Color en 1912.     

4.-La discriminación racial y sus elementos persistentes, tienen, como se ha visto; no solo un componente histórico-cultural, son resultado igualmente, de una herencia donde la desventaja  económica retroalimenta, como chorro de aire caliente, el centro del huracán. Después de abolida oficialmente la esclavitud en Cuba (1886), terminada la dominación española e instaurada la república, esa gran masa de seres humanos empobrecidos, analfabetos, sin posibilidades reales de crecer humanamente y con solo sus energías físicas y mentales, se dedican a las labores agrícolas, a los trabajos más pesados y menos remunerados; si el General Quintín Banderas fue barrendero y celador de un cementerio ¿que podrían esperar los soldados rasos del ejército libertador y aquellos otros que solo se tenían así mismos y a su prole? Reproducir, como karma maldito, la herencia de la pobreza y junto con ella todo lo que significa, especialmente la marginalidad. Al día de hoy, se critica con denuedo, que en los programas de TV los ladrones y delincuentes son negros o mulatos; pero cuando se va a las cárceles y contabiliza la población penal, muchas veces las cifras respaldan esos hechos y no es que se encarcelen por una práctica racista; sino, porque reproducen en su práctica social el ambiente en que nacen y viven: no nos olvidemos, el hombre piensa y actúa como vive, no a la inversa y ello a pesar de la campaña de alfabetización, la ilegalización de la prostitución, el juego, la universalización de la educación y la salud y la eliminación del racismo como práctica social. En los vídeos del 11 de julio de 2021, se pudo observar como la mitad o un poco más de los protestantes eran de piel oscura y procedían de barrios con graves falencias existenciales. La política gubernamental de resolver situaciones de precariedad en esos barrios, refrenda la anterior explanación.

5.-Golpear de manera efectiva el racismo en Cuba, pasa hoy por estructurar una cadena de soluciones que, además de castigar cualquier expresión de racismo (formal o práctica), entienda que la solución no es grupal o sectorial, es social; por ello, hay que educar y sensibilizar con apuestas intensamente humanas a toda la sociedad y focalizar el accionar gubernativo y ciudadano en las familias y barrios de preponderancia negra o mestiza con desventajas económicas; pero no de modo paternalista; sino, con un enfoque acción-participación, donde el estado contribuya, posibilite, impulse pero deje decidir a la familia y a la comunidad. Quizás la pedagogía de Paulo Freire nos ayude en este necesario y justo empeño.

Manzanillo de Cuba, sábado 24 de septiembre de 2022.   

    
Manzanillo de Cuba, sábado 24 de septiembre de 2022.   

lunes, 31 de octubre de 2022

Acerca de una reunión del Consejo de Ministros.



Comentario sobre e el artículo de Yudy Castro Morales titulado Que siga siendo recto el camino de lo aprobado publicado en Granma el 22 de octubre de 2022

Por: Fidel Vascos. 


En la reunión se hizo hincapié en la situación de las cuentas por cobrar y por pagar, “viejo asunto que exige soluciones definitivas”. Según mi opinión, la solución consiste en  que las entidades a las que no se les paga no sigan vendiéndole a las instancias que no les pagan, denunciando ante los tribunales los casos morosos.

Se dijo que “el país no tiene más dinero para importar”. Aquí se confunde el país con el Estado. Es probable que el Estado no tenga mas dinero para importar, pero el sector no estatal si lo tiene y puede conseguir mas.  Al respecto, se debe facilitar esta gestión al sector no estatal suprimiendo el monopolio estatal del comercio exterior y autorizando a las cooperativas, MIPYMES y Trabajadores por Cuenta Propia (TCP) a importar y exportar directamente a suministradores y clientes en otros países sin necesidad de hacerlo mediante un intermediario estatal. Además, al sector no estatal se le debe autorizar abrir cuentas en divisas extranjeras en Cuba para que operen con sus propias divisas a su cuenta y riesgo financiero.

Se planteó que La contratación no puede dejarse a la espontaneidad”. En este criterio se manifiesta el perjudicial método de planificarlo todo administrativamente desde un centro por encima de las empresas. Los contratos deben establecerlos las entidades contratantes con absoluta libertad entre ellas sin interferencias de terceros, solo cumpliendo las normas generales de ese acto legal establecidas por el Estado.

En cuanto a la construcción de viviendas, se informó que los resultados del plan aprobado “no son halagüeños”. El Primer Ministro pidió que le presentaran “una propuesta sobre qué hacer, de manera diferente, que permita realmente avanzar”. En respuesta a esta solicitud propongo tener en cuenta las consideraciones siguientes. La construcción de viviendas no debe basarse principalmente en el llamado “esfuerzo propio” aunque éste debe seguir promoviéndose. El Estado debe asumir el grueso de la construcción de sólidas viviendas que no salgan volando con el primer ciclón que aparezca. Los arquitectos y constructores cubanos están capacitados para ello. Lo demuestra el diseño y edificación de los eficientes y fastuosos hoteles que se construyen para el turismo. Comprendo que uno de los problemas mas graves que enfrenta el Estado es el financiamiento. Para resolver este asunto considero que se puede acceder a varias fuentes. Una  ellas consiste en que los propios aspirantes a tener una vivienda construida por el Estado la financien con sus propios recursos tanto individualmente como mediante la organización de cooperativas para esos fines. Otra variante es retornar al método que aplicó Pastorita Núñez al principio de la Revolución que logró el financiamiento mediante  una Lotería Nacional.

Llama la atención que se aprueban muchas mas MIPYMES que cooperativas no agropecuarias siendo éstas las que se basan en la propiedad social y métodos colectivos de dirección.

En la reunión se reafirmó que “la empresa estatal socialista es el actor fundamental y los nuevos actores son su complemento”. Al respecto tengo una opinión diferente. Pienso que los nuevos actores no deben ser considerados como un complemento subordinado a la empresa estatal socialista. Ambas entidades productivas deben actuar con el mismo nivel autónomo de gestión en un ambiente de competencia leal en el marco de las leyes económicas objetivas del mercado. Tampoco creo que los nuevos actores deben ser incorporados mediante un plan administrativo a las estrategias de desarrollo local e “insertarlos en el ecosistema municipal, incluyendo los encadenamientos con la empresa estatal y el vínculo con el Gobierno, la universidad, la banca”. Estoy de acuerdo con estos objetivos pero éstos deben promoverse creando condiciones estimulantes para ello y dejando a los propios actores la toma de decisiones al respecto sin compulsión administrativa estatal.

 Coincido con la elaboración de una norma que defina los mecanismos de control de estas figuras, desde los organismos nacionales hasta el nivel de los municipios”. Asimismo considero que también debe elaborarse una norma que impulse y desarrolle la participación creciente de estas figuras en la economía cubana.

La Habana, 29 de octubre de 2022

viernes, 28 de octubre de 2022

Twitter “marca” y limita el alcance de medios cubanos

 Este lunes 24 de octubre, Twitter marcó a algunos medios de prensa cubanos como “afiliados al Gobierno” de Cuba, una acción que censura y estigmatiza a medios públicos del país, que pone en práctica una decisión anunciada por la plataforma en agosto de 2020 y afecta a los destinatarios y potenciales lectores de los tuits de los medios etiquetados.


Twitter ha advertido que no va a recomendar ni amplificar entre los usuarios las cuentas o publicaciones de Cubadebate, Radio Rebelde, Radio Habana Cuba, Gramna, Trabajadores, Juventud Rebelde y Canal Caribe, entre otros, sin distinguir medios públicos financiados por organizaciones sindicales o políticas de los medios públicos estatales.

Edilberto Carmona, quien gestiona los perfiles en redes sociales de Cubadebate, aseguró a Cubaperiodistas que la decisión “forma parte de un intento de clasificar a los medios que ellos consideran ‘democráticos’, e influir en la opinión pública desde sus posiciones de poder”.

“Es irónico que reconozcan la existencia de grandes medios con esas características como la BBC o la NPR, pero que estos no reciben esas etiquetas, por su ‘independencia editorial’”, dijo.

“Cubadebate –precisó– ha sufrido este tipo de bloqueos en otras ocasiones, como el ocurrido en 2019, a su perfil principal y al de sus editores y colaboradores, lo cual solo pone un cuño a lo que sabíamos: informar desde un punto de vista alternativo al orden geopolítico occidental es vigilado y censurado”.
Por: Patricia María Guerra Soriano.


Para el analista español Carlos González Penalva, esta manipulación de los algoritmos para hacer menos visibles a unos medios respecto a otros es parte de “la construcción de la unanimidad de rebaño”, es decir: imponer un único relato. “Hemos pasado de las pintadas nazis a los judíos a las marca de Twitter”.

La metodología que emplea Twitter para parametrizar a “medios afiliados al Gobierno” es discrecional, sin nada que explique por qué etiqueta así a algunos medios de algunos Gobiernos del mundo, no a todos (ni a la mayoría) de los medios estatales ni gubernamentales; tampoco a los que reciben la mayor parte de los recursos de Gobiernos para funcionar, algunos violando las leyes de terceros países.

¿ADNCuba, Cubanet o Diario de Cuba, por citar algún ejemplo, que reciben dinero de instituciones federales de Estados Unidos para el “cambio de régimen en Cuba”, aparecerán con la etiqueta “medio afiliado al Gobierno de EE.UU.”?

Hay un obvio encuadre peyorativo en esa selección por conveniencia política. Con ello, Twitter muestra su propia “línea editorial”.

La plataforma gestiona contenidos, como cualquier otro medio de comunicación, en este caso uno que se guía por las leyes y los estereotipos de su Gobierno, el de Estados Unidos.

No “modera contenidos”, como suele repetir para maquillar sus acciones, sino que filtra y gestiona información bajo un sesgo político.

(Tomado de Cubaperiodistas)

martes, 25 de octubre de 2022

La era de la conspiración.

 Por Ignacio Ramonet.


En un universo lleno de incertidumbre –como el que envuelve hoy a las clases medias blancas estadounidenses– no es anormal que proliferen las “teorías del complot”


Podríamos definir el complot o la conspiración como un proyecto secreto elaborado por varias personas que se reúnen y se organizan en forma clandestina para actuar juntas contra una personalidad o contra una institución. Recuérdese que conspirar significa, etimológicamente, “respirar juntos”.


La historia y los historiadores dan testimonio de la existencia real de cientos de verdaderos complots. Los ha habido siempre. Desde, por ejemplo, la célebre Conjuración de Catilina denunciada por Cicerón en el año 63 a. C., o el asesinato de Julio César en el 44 a. C. hasta el escándalo del Watergate en 1972, el caso Irán-Contras en 1986, o el complot mediático-político en Venezuela para derrocar a Hugo Chávez el 11 de abril de 2002.

Los complots existen, no cabe duda. Pero el complotismo, el conspiracionismo o la “teoría del complot” son otra cosa. Proponen una visión paranoica del mundo, que sitúa, en el centro del desarrollo de la historia, narrativas nacidas de un imaginario más o menos delirante cuya realidad no está en absoluto demostrada. Tratan de explicar cualquier fenómeno histórico causante de un impacto social importante (crisis, atentado, golpe de Estado, guerra, pobreza, peste, pandemia, etc.) mediante un constructo intelectual que responda a todos los interrogantes suspicaces posibles. Consideran que cualquier desastre o acontecimiento social traumático es consecuencia de una “conspiración” de algunas fuerzas superiores y secretas. Y esto es muy antiguo; la propia palabra desastre, que significa “mala estrella”, se origina en la creencia profunda de que nuestro destino está fatalmente determinado por los astros.

El conspiracionismo satisface las exigencias de muy diversos actores políticos y sociales. Identifica, según la época, a ciertos grupos (las élites, los ricos, los capitalistas, los empresarios, los extranjeros, las minorías étnicas, los comunistas, los judíos, los yihadistas, los gitanos, las brujas, los albinos, los pelirrojos, el Opus Dei, la CIA) y los culpa por los eventuales cataclismos políticos, económicos, sociales o sanitarios que se abaten sobre una sociedad. El complotismo constituye, en cierto modo, una maniobra de manipulación para modificar la interpretación histórica de un acontecimiento. Los teóricos de la conspiración se niegan a aceptar el papel del azar o de la iniciativa individual en los grandes acontecimientos. No creen que las cosas puedan suceder sin que alguien tenga la expresa intención de que así sea.

A veces, denunciar un (inexistente) complot puede provocar, por efecto de pánico o ataque preventivo, una verdadera masacre. En Ruanda, en abril de 1994, después de un atentado que provocó la destrucción del avión presidencial y la muerte del mandatario hutu Juvénal Habyarimana, la emisora Mil Colinas de Kigali, una “radio de odio”, denunció sin tregua la existencia de un supuesto complot que estaría preparando la minoría tutsi para destruir a los hutus. Era falso. Pero esa denuncia sirvió de detonante para que, armados de machetes, decenas de miles de hutus se lanzaran a las calles a masacrar tutsis. Un auténtico genocidio que causó el exterminio de unas 800 mil personas (1. Rosa Massagué, “Crónicas bárbaras de un genocidio”, El Periódico, Barcelona, 8 de abril de 2014.).

Dice la sismóloga estadounidense Lucy Jones: “Las teorías de la conspiración no solo implican creer en algo que no es verdad, sino pensar que hay un grupo de gente malvada que es responsable de un desastre. Estas teorías se vuelven mucho más comunes después de una tragedia. De una manera extraña, esas teorías te hacen sentir más seguro porque crees que tienes información especial que otras personas no poseen. Es como con las películas de terror: nos gusta pensar en cosas peligrosas cuando estamos a salvo” (2. Lucy Jones, Desastres. Cómo las grandes catástrofes moldean nuestra historia, Madrid, Capitán Swing, 2021, p. 128.). En situaciones de crisis grave, como la que viven hoy las clases medias blancas estadounidenses, en las que una explicación clara y racional de lo que les ocurre no resulta evidente, la teoría de la maquinación ofrece respuestas. Da una sensación de control. Procura una suerte de contrapeso psicológico al vértigo de la incomprensión. Propone una narrativa congruente para darle sentido a un mundo que, de pronto, parece estar desposeído de lógica.

Como escribe el profesor Mark Lorch, catedrático de la Universidad de Hull: “Una de las causas por las que las teorías de la conspiración surgen periódicamente es nuestro deseo de imponer una estructura al mundo, y nuestra increíble voluntad de identificar pautas, normas, modelos” (3. saludconlupa.com/noticias/como-funciona-la-mente-de-unnegacionista-de-la-ciencia). Creer que tenemos acceso privilegiado a “informaciones prohibidas” nos procura un sentimiento de seguridad y de control. Nos ayuda a sentir que, en medio de un universo que se desploma a nuestro alrededor, tenemos ventaja, podemos llevar la delantera.

Redes y complots

En tiempos como los actuales, en los que las fuentes oficiales de información han perdido credibilidad, y cuando se otorga el mismo nivel de confianza a un meme que a un noticiero de televisión o a una agencia de noticias, no es aberrante que las teorías conspirativas encuentren mayor audiencia en el seno de grupos sociales muy impactados por la crisis. La tecnología ayuda. Porque mucha gente aprovecha el anonimato que ofrece internet para defender –amparados por la seguridad de un seudónimo– posiciones agresivas, irrespetuosas o extremistas. La mentalidad complotista, siempre paranoica, tiende a ver la historia bajo el prisma de la sospecha y de la denuncia. Varios ensayistas –y Umberto Eco desde la ficción (4. En novelas, por ejemplo, como El péndulo de Foucault y El cementerio de Praga.)– han explicado por qué nos fascinan algunas tesis disparatadas que pretenden detentar la clave absoluta para develar la “verdad verdadera” de lo que ocurre en el mundo.

El filósofo austríaco Karl Popper, probablemente el primer pensador que empleó la expresión “teoría de la conspiración”, plantea que esta visión es una expresión del oscurantismo contemporáneo, fruto de la secularización de antiquísimas supersticiones religiosas. “La teoría de la conspiración en nuestras sociedades –escribe Popper– es más antigua que la mayoría de las formas de teísmo, y es semejante a la teoría de la sociedad de Homero. Para Homero, el poder de los dioses era tal que todo lo que sucedía en la llanura delante de Troya era un reflejo de las diversas conspiraciones en el Olimpo. La teoría de la conspiración de la sociedad es simplemente una versión de ese teísmo: una creencia en dioses cuyos caprichos y deseos lo gobiernan todo. Deriva del hecho de abandonar a Dios y de preguntarse en seguida: ¿Quién está en Su lugar? Su lugar está ahora ocupado por diversos hombres, grupos de poder y siniestros grupos de presión, a quienes se culpará de haber planeado la Gran Depresión y todos los males de los que sufrimos” (5. Karl Popper, “En busca de una teoría racional de la tradición”, en Conjeturas y refutaciones, trad. Néstor Miguez, Barcelona, Paidós, 1983.).

Aunque teorías conspirativas ha habido siempre (algunos expertos señalan, por ejemplo, que en 1963 el 80% de los estadounidenses creyeron en teorías del complot en torno al asesinato del presidente Kennedy –6. Julia Carrie Wong, “Claves de QAnon”, El Diario, Madrid, 30 de agosto de 2020.–), lo nuevo es que ahora se difunden en una era en la que los ciudadanos están conectados permanentemente a las redes sociales y tienen acceso digital constante a la información. Una era en la que los mass media ya no poseen el monopolio de la influencia en la opinión pública.

Internet y las redes sociales ponen a nuestro alcance millones de narrativas alternativas en competición con las de los grandes medios tradicionales. Aquellas personas que no se atrevían a expresar algo porque era ilegal, inmoral, estaba mal visto o era políticamente incorrecto, ahora constatan: “¡Mucha gente piensa como yo!”… Y se desinhiben. De ese modo, las redes favorecen la creación de comunidades a veces con ideas de odio, racistas, machistas, supremacistas o antisemitas. Porque cada vez hay menos puntos fijos informativos que sirvan de referencia.

La causa de todo es la increíble aptitud de los seres humanos para imaginar historias inverosímiles, incluso cuando en el fondo sabemos que son falsas. Un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), publicado por la prestigiosa revista Science, confirmó que las noticias falsas poseen más de un 70% de posibilidades de ser compartidas en las redes sociales que las noticias verdaderas, sobre todo si se relacionan con política: “La falsedad se difunde significativamente más lejos, más rápido, más profundamente y más ampliamente que la verdad, en todas las categorías de información. Y los efectos son más pronunciados para las noticias políticas falsas que para noticias falsas sobre terrorismo, desastres naturales, ciencia, leyendas urbanas o información financiera”, aclaran los autores del estudio (7. science.sciencemag.org/content/359/6380/1146).

Las redes sociales no están hechas para informar, sino para emocionar. Para opinar, no para matizar. En las redes, por supuesto, circulan muchos textos y documentos de calidad, testimonios, análisis, reportajes y videos. Pero la manera de consumir contenidos en las redes (aunque cada una de ellas tiene su propia especificidad) no es pasar el tiempo leyendo o viendo la integralidad de los documentos que uno recibe. Los usuarios de las redes no buscan respuestas sino preguntas. No desean leer. No son receptores pasivos, como los de la radio o la televisión. Las redes están hechas sobre todo para actuar. El ciudadano o la ciudadana que usa las redes quiere compartir o adherir dando like. El placer del internauta, lo que le gusta, es comunicar, transmitir, reenviar, difundir… La red funciona como una cadena digital. Cada usuario se siente eslabón, vínculo, enlace, con la obligación de expresarse y de opinar.

Lo que más circula y mayor influencia alcanza en la mayoría de las redes son los memes; especies de gotas, de haikus, de resúmenes muy reducidos, muy sintéticos y caricaturescos de un tema. Es lo que más se comparte. Los memes funcionan como si, en la prensa escrita, las informaciones se redujesen únicamente a los títulos de los artículos, y no hubiera necesidad de leerlos. Cada uno de nosotros puede hacer la experiencia: cuelgue en su red preferida el mejor texto, el video más completo, más inteligente y honesto que pueda haber sobre, por ejemplo, la guerra de Ucrania, y verá que, a lo sumo, puede alcanzar algunas decenas de likes… Pero si coloca un buen meme eficaz y novedoso, que, por su creatividad y originalidad, impacta y provoca a la vez risa y sorpresa, su velocidad de transmisión será impresionante.

Cuando, por ejemplo, el domingo 27 de marzo de 2022, en plena ceremonia de los Oscar, en Hollywood, ante millones de telespectadores, el actor Will Smith le asestó, en vivo y en directo, un tremendo cachetazo al cómico Chris Rock, la imagen de esa escena, convertida de inmediato en meme, se difundió a la velocidad del rayo, saturó todas las redes y prácticamente ocultó, durante varios días, todas las demás noticias, incluso las de la guerra de Ucrania, entonces en plena intensidad.

El deseo compulsivo de compartir y difundir es lo que hace que las redes consigan propagar masivamente un sentimiento general, una interpretación dominante, una opinión sobre cualquier tema. Ese sentimiento es el que, poco a poco, consigue imponerse en todo un sector de la sociedad. Esa es una de las grandes diferencias entre las redes y los medios tradicionales. Lo que excita a los usuarios de las redes es comportarse como activistas digitales con una misión, una encomienda: publicar y propagar noticias que confirman o parecen confirmar lo que ellos y sus amigos piensan. No se trata de difundir la verdad; se trata de retransmitir lo que se supone que la gente amiga desea leer. En ese sentido, las falsedades son más novedosas que la verdad. Por ello se comparten más.

Asalto al Capitolio

Por su estructura específica, las redes sociales se han convertido en manantiales de intolerancia y de odio. En gran parte porque su formato es antagónico con el de la deliberación, el debate o la dialéctica. El complotista ve la discusión de ideas y las propuestas contradictorias como agresiones. El “otro” es un enemigo, en guerra contra nosotros, los lúcidos. Semejante razonamiento es, por supuesto, peligrosísimo. Constituye la base del fanatismo y tiende a desembocar, de una manera u otra, en la agresión y el crimen de odio: “El maniqueísmo conspiracionista –confirma el profesor Jean-François Roussel, del Instituto de Estudios Religiosos de la Universidad de Montreal– prevé una resolución apocalíptica de la crisis, en una violencia sacrificial que diezmará a los ‘enemigos’, por el fuego o por la insurrección” (8. papyrus.bib.umontreal.ca/xmlui/bitstream/handle/1866/24672/ JFR_FMTL_2021.pdf?sequence=1).

Esta idea de “insurrección” comenzó a circular con insistencia en los medios conspiracionistas estadounidenses entre 2017 y 2020, a medida que se consolidaba una comunidad de partidarios de ultraderecha de Donald Trump, fanatizados y convencidos de la realidad de sus propios relatos complotistas. Durante todo ese tiempo, de forma cada vez más explícita, el magnate republicano apoyó, incitó y hasta movilizó a organizaciones supremacistas, ultranacionalistas y milicias armadas.

El ejemplo más evidente de cómo se radicalizaron esas extremas derechas desde la elección de Trump se pudo ver en Charlottesville (Virginia), el 12 de agosto de 2017. Ese día, una coalición de nuevas organizaciones racistas confederadas en el seno de la alt-right y de viejos grupos segregacionistas como el Ku Klux Klan, el Liberty Party, el Council of Conservative Citizens, además de diversos grupos neonazis como el veterano American Nazi Party (ANP), llegados de todo el país y conectados entre ellos por las redes sociales, organizaron una gran marcha con un eslogan común: Unite the Right (“Unir a la derecha”).

El pretexto del desfile era protestar contra el proyecto municipal de retirar una estatua ecuestre del general confederado Robert E. Lee. Pero en realidad se trataba de un intento, inédito, de unificar a todas las organizaciones pertenecientes a los diversos extremismos reaccionarios estadounidenses y de realizar una gran demostración supremacista de fuerza. Para oponerse a esa turba de radicales violentos que gritaban “¡América para los blancos!”, “¡Los judíos no nos reemplazarán!” y “¡No nos dejaremos avasallar!”, miles de militantes antirracistas y antifascistas (Antifa), venidos también de todo el territorio nacional, se enfrentaron a ellos. Las reyertas entre ambos bandos se intensificaron, hasta que un neonazi de 20 años originario de Ohio, James Alex Fields Jr., embistió con su vehículo, a toda velocidad, contra un grupo de Antifa, mató a una mujer e hirió a otras diecinueve personas. Un año después, a fines de 2018, un nuevo ataque racista a una sinagoga de Pittsburgh dejaba once muertos. Y en agosto de 2019, otro joven supremacista, autor de un “manifiesto” en el que denunciaba la “invasión hispana en Texas”, disparó contra la multitud de consumidores en un hipermercado de la ciudad de El Paso, matando a veintidós personas.

Pero el punto máximo de este fenómeno fue el intento de asalto al Capitolio. Nadie recuerda, en la historia reciente de Estados Unidos, algo semejante a lo que se vio en Washington el 6 de enero de 2021: una tentativa insurreccional de la extrema derecha para cambiar los resultados de las elecciones de noviembre de 2020 y permitirle a Trump instaurar una dictadura presidencial. El ataque causó cinco muertos y 140 heridos. Centenares de asaltantes fueron detenidos, muchos de ellos ya han sido juzgados y condenados. Las principales plataformas digitales –Twitter, Facebook, Instagram y YouTube– cerraron las cuentas del Presidente republicano por considerar que sus mensajes incendiarios publicados ese día incitaron a la violencia y por difundir noticias falsas sobre un supuesto fraude electoral.

La invasión del Capitolio se produjo después de que el mandatario, en su encendido discurso del mediodía de ese 6 de enero, reproducido por pantallas gigantes en la plaza Ellipse del National Mall, en donde se concentraban decenas de miles de fanáticos suyos, los alentara a “luchar como el infierno, porque si no nunca más tendrán patria”. En realidad, el objetivo de Trump era muy preciso: sabotear el conteo y desconocer el resultado electoral adverso, en un desesperado intento de aferrarse al poder.

En la memoria del mundo han quedado grabadas las impactantes imágenes del asalto. Todos los videos –de las cámaras de vigilancia, de los policías, de los agentes antidisturbios, de los periodistas y de los propios asaltantes– muestran que, entre los más de ochocientos violentos que consiguieron penetrar en el edificio, muchos iban armados con hachas, martillos, bates de béisbol, palos de golf, astas de banderas, palos de hockey y otros pertrechos belicosos. La sesión en el Congreso tuvo que ser suspendida; los senadores y representantes, tanto demócratas como republicanos, tuvieron que encerrarse y esconderse; la Guardia Nacional fue desplegada; las autoridades de la ciudad decretaron el toque de queda.

La embestida de las turbas trumpistas contra el corazón de la democracia norteamericana fue el resultado de un profundo lavado de cerebro a base de narrativas conspiracionistas y de relatos complotistas, principalmente difundidos por el propio Trump, un Presidente sin ley, convertido en ejemplo universal de la infamia. Y que sigue intrigando y conspirando para regresar al poder…

sábado, 22 de octubre de 2022

Sentencia y símbolo.

 Este texto ha sido tomado del facebook de la periodista de Prensa Latina y Cubadebate Ania Terrero, con su expresa autorización.


 El juicio contra Fernando Bécker lo viví como activista, como periodista, como mujer, pero sobre todo, como amiga. Y probablemente por ello, he escrito cada vez menos del tema en los últimos meses. Porque vi todo el proceso por dentro, porque leí sus sus miedos, porque pasamos doce horas sentadas allí hablando de todo para no hablar de nada, porque la sentencia -que sí, puede ser un precedente- a ella le pareció poco, y a mí me rompió el alma. 

Pero ahora, que más bien o más mal el capítulo se cierra, no puedo evitar pensar que aprendí mucho de ella. La vi crecer, empoderarse, echar la pelea y ganarla. Y en el proceso, desmontó todo lo que yo creía saber sobre la violencia de género, la revictimización y los activismos. Ella fue la que me enseñó a mi sobre sororidad, sobre paciencias, sobre estereotipos. Ella me puso de frente al conflicto real y me enseñó cómo luchar más allá de nuestros privilegios. 

Porque hace mucho rato que dejó de ser una víctima. Ella, y todas las demás, son unas valientes.  Porque la pelea no fue solo contra ese seudotrovador innombrable, fue contra todos los que no creyeron, los que las desacreditaron, los que intentaron hacer del caso un show político. 

Esta semana, con esa sentencia, en esta isla pasaron muchas cosas. ¿Demostramos que somos un país un poco más justo que hace diez años? Sí ¿Demostramos que nos faltan diez años y más para llegar a dónde deberíamos estar? También. Esa sentencia fue la victoria de una pelea simbólica. Porque quizás mañana él -y los otros tantos que no han salido a la luz- se lo piensen un poquito; porque tal vez cuando llegue la próxima denuncia -que vendrán- consigamos ser más empáticos; porque ojalá sirva como evidencia de la falta que nos hace esa ley. 

Pero sobre todo, esta semana ella y las otras cinco valientes fueron a la batalla por nosotras, por las que no hablaron, por las que han callado otras tantas agresiones, por las que podemos ser violentadas mañana, por mi hija. Y ganaron, de eso no me caben dudas. Gracias hermana.