martes, 10 de septiembre de 2024

Apuntes a propósito de Cuba y Mercado.

Le salta a la vista de cualquiera que sea la formación del lector. Hay un error conceptual de fondo en el texto Cuba y el Mercado de José Ángel Turro Gomero: achacar el deterioro social en Cuba a las relaciones mercantiles. No puede decirse que el dislate sea la expresión de un dogma seudomarxista porque ni siquiera los soviéticos mayores partidarios de la planificación, la centralización y el control estatal, se atrevieron a atribuirle a las relaciones mercantiles los problemas sociales. No confundieron mercado con relaciones de producción y distribución de la riqueza. 

El autor olvida que antes de que existan relaciones mercantiles tienen que haber distribución del trabajo y relaciones de producción. Sin productos, no hay mercado. Sin productos menos hay necesidad de que ningun Estado administre y distribuya equitativamente lo producido, o regule y norme para que se haga a través del mercado. El Estado surge, precisamente, cuando hay excedente de producción, hay una incipente propiedad privada y se manifiesta la necesidad de regular la relación entre la acumulación y la distribución de esa riqueza. Entonces el Estado, en sentido estricto, es un regulador social y el gobierno, su brazo ejecutor, es un mero administrador. 

Pero toda producción material es, también, producción cultural que potencia los nexos entre los sujetos, o sea, tiene asociada producción ideológica -ideológica, no necesariamente ideopolítica- como una de las dimensiones de La Cultura. 

La conversión de un animal en caza, primero, y luego en alimento, adquiere connotaciones significantes -de ahí el desarrollo del arte rupestre- y la especialización en actividades productivas -las que determinan la supervivencia y/o la supremacía- y las no productivas en la dimensión de lo que llamamos espiritual.

Entonces las verdaderas bendiciones o desgracias de cualquier grupo humano -llámese gens, tribu, colonia o país- está en la potencialidad y capacidad que ese grupo tenga de producir, de generar bienes materiales y espirituales que le permitan no sólo la supervivencia como sociedad sino además y, si es posible, la supremacia o al menos la distención con otros similares. 

Un país que no produce es un caos. Un país que no produce ni siquiera tiene una necesidad real de Estado porque no tiene sentido un Estado que no tenga riqueza para distribuir. Entonces el Estado se convierte en un aparato burocrático, un repartidor de precariedad. Y sus mecanismos e instrumentos constituyen lastres.

Si repasamos la historia, todos los Estados exitosos, lo han sido, porque fueron capaces de equilibrar el sometimiento con el espejismo de la expectativa satisfecha en las mayorías. Ahí radica el arte de gobernar.  Y digo espejismo porque, si bien no todos los exitosos han sido capaces de satisfacer materialmente esa expectativa, al menos lo lograron en la dimensión ideológica. El ejemplo está en el cubano que se va para Estados Unidos  por El Mariel, y que no vivía tan mal materialmente aquí pero quería vivir mejor desde sus aspiraciones. Legaba a Miami, tenía que doblar el lomo para pagar gratuidades individuales que aquí tenía garantizadas sin detenerse a pensar donde salía el dinero para costearla -universidad para sus hijos, por ejemplo, una operación quirúrgica compleja, aquellos gimnasios gratuitos del INDER que ya no existen, participar en el concierto de un gran artista a un costo ínfimo-  pero siente que sus expectativas de tener un auto o comer carne de res cada vez que quisiera, o ver un televisor en colores, o poder gritar "Abajo el Presidente", estaban satisfechas en La Florida. 

Hay una relación de interdependencia entra la expectativa, el sistema de valores -con la moral y las valoraciones como sus manifestaciones- y la producción material. Y hasta el día de hoy sólo existen dos tipos de estructuras reguladoras de esa relación: las de orden material y las de orden ideológico. 

El principal instrumento de las estructuras de orden material es el mercado y las relaciones mercantiles. El mercado es también un instrumento de regulación del cual el Estado puede valerse para concentrarse en equilibrar satisfacción de las expectativas y sometimiento. Un instrumento que no debería ser competencia del gobierno, como brazo ejecutor del Estado, sino de los productores y los consumidores con ese gobierno como mediador. El gobierno puede propiciar, estimular, regular el mercado pero no puede ni controlarlo ni mucho menos decretarlo o prohibirlo. Al menos, la historia demuestra que no lo puede hacer exitosamente en aras del equilibrio entre expectativa satisfecha y dominación. Los bandos españoles contra la descentralización del comercio de los colonos en Cuba fue la chispa incipiente de la expectativa de independencia. La Ley Seca en Estados Unidos sólo trajo más problemas sociales y crisis de su establishment. 

El instrumento de las estructuras de orden ideológico es lo que Althousser llama Aparatos Ideológicos del Estado, o sea: las iglesias, las academias, las instituciones legislativas, los medios de comunicación. 

A partir de las premisas anteriores, repasemos Cuba: 

La Revolución Cubana se desarrolla en la década del sesenta precisamente porque el Estado logra equilibrar la satisfacción de las expectativas con el sometimiento de quienes le adversaban. El campesino que soñaba con la tierra, tiene la tierra. El obrero que no podía pagar el tratamiento médico de un hijo, lo tiene gratuito. El desempleado, tiene trabajo. La mujer excluida, siente que es útil. El intelectual que arañaba para sostener a los suyos, está subvencionado. El maestro público que apenas tenía aula,  tiene aula y posibilidades de superación personal. 

Hay un sector de la población que ya tenía todos esos bienes al alcance al triunfo de la Revolución cuyas expectativas estaban puestas más en superar la inseguridad propiciada por la dictadura batistiana y en seguir fomentando su propio éxito, que en el ideal de sacrificar sus proyectos personales a favor de los hasta entonces desposeídos. Ese grupo adoptó tres conductas predominantes: cambiaron honradamente su sistema de valores y siguieron el ideal revolucionario, se volvieron contra la Revolución y fueron sometidos,  aprendieron a simular que apoyaban la Revolución y aprovecharon sus "puertas traseras" mientras pudieron hasta emigrar en muchos casos. La mayoría de los actuales más acérrimos enemigos de la forma de gobierno en Cuba, tengo la impresión, pertenecieron alguna vez a ese tercer grupo. 

Sumémosle que toda satisfacción de las expectativas genera expectativas superiores. La campesina que lavaba golpeando la ropa contra una piedra, ahora ya sabe que existe el detergente y que la ropa huele rico. El niño o la niña que no tenía escuela al alcance, ahora ya sabe que hay un ómnibus que lo recoge cada semana y lo lleva a una beca en la cual le garantizan alimentación -muchas veces mejor que en su propia casa- instrucción y esparcimiento. El escritor que antes tenía que pagar para publicar un libro, ahora sabe que hay una editorial que le publicará sin costo para él y que, de contra, le pagará derecho de autor.... Todos ellos aspiran entonces a otras mejorías. 

Llegó un momento en que las expectativas sociales en Cuba, fomentadas a partir de la Revolución misma y su dirigencia, no pudieron ser satisfechas por la producción propia de bienes materiales ni con un equilibrio entre importaciones y exportaciones. Entonces hubo que acudir a alianzas foráneas -como el resto de los países del mundo-, a préstamos, a concesiones políticas muchas de ellas disfrazadas de supuestas cuestiones de principios. Las causas de esto son atribuibles a la gestión gubernamental y al funcionamiento de los Aparatos Ideológicos del Estado, también a la hostilidad imperialista y a las relaciones de producción en el ámbito global. Son complejas esas causas, necesitarían un libro para explicarlas, y sé muy bien que este párrafo será el punto débil por donde atacarán este ensayo los extremistas de ambos bandos.  Pero no son las relaciones mercantiles una de esas causas, no. Sino por el contrario: la pretendida -y equivocada- sustitución de las relaciones mercantiles por la centralización, el verticalismo y la planificación, nos hicieron caer en el atolladero en que estamos hoy. La pretendida supeditación de las variables económicas a la política, sería otra causa.

Si nos atenemos al axioma de que toda producción ideológica es la resultante de las relaciones de producción, o sea, de la producción material, entonces es un error estratégico pretender satisfacer la expectativa con un desequilibrio cada vez mayor hacia el ámbito de lo ideopolítico en detrimento del ámbito de lo económico y de la propia creación de bienes y servicios competitivos. Y es ahí, y no en el mercado como instrumento de distribución y consumo, donde radica la gran causa del deterioro social actual. Y más que del deterioro social actual, de la involución hasta ahora imparable de nuestros valores sociales luego de se hiciera evidente la insostenibilidad de nuestro modelo económico en las condiciones impuestas por la globalización y la hostilidad imperialista.

Lo que está pasando ahora en Cuba es que el desequilibrio entre expectativa y sometimiento es demasiado grande en comparación con la capacidad estatal de ejercer los contrapesos necesarios en favor del equilibrio. El Estado cada vez tiene menos riqueza que distribuir porque el país cada vez produce menos. Y si un Estado que pretende construir el socialismo no tiene riqueza que distribuir, sencillamente va en sentido contrario a su propósito declarado. No es creíble. No es competente. Porque no es posible suplir la riqueza no producida y -por ende- no distribuida con propaganda política ni manipulación mediática por largo tiempo por eficientes que sean los Aparatos Ideológicos del Estado. 

Entonces todo lo que estimule la producción en Cuba, incluyendo el mercado, debería ser prioridad para ese Estado. Debería estimularse más que limitarse, debería entenderse por parte del gobierno -y también de Turro Gomero- que hay dos modos esenciales de regulación de los procesos -la estimulación y la limitación o prohibición- y que corresponde en esta circunstancia histórica estimular más que limitar. Es una lección del llamado Período Especial que muchos parecen haber olvidado o no estudiado. 

Cuando hablo de sometimiento, acoto, no me estoy refiriendo solo a la represión -que sería la forma extrema del sometimiento- sino a todo el sistema de ataduras sociales que pesan sobre un individuo, grupo, estamento, clase: las normas impuestas no consensadas hasta lo posible, las desventajas económicas, las carencias culturales, los prejuicios, las discriminaciones, las desigualdades de oportunidades.  

Varias generaciones de cubanos creímos -o nos hicieron creer- que siempre iríamos por el camino correcto, con sacrificios sí, pero también con éxito y recompensa. Ahora vemos que el éxito y la recompensa no llegan, están cada vez más alejados. Y ese sentimiento desesperanzador, demotivador, se está volviendo cada vez más peligrosamente mayoritario en un contexto en que ni el gobierno ni el Partido reaccionan con coherencia, confunden, unas veces les dan para alante y otras para atrás, unas veces tuercen a la izquierda y otras a la derecha, como el bamboleo y la oscilación de un conductor ebrio. 

Eso es lo único que explica la otra lectura -ya sobre el supratexto y no del intratexto- que le hago a Cuba y Mercado de José Ángel Turro Gomero. ¿Por qué un cuadro con acceso a las estructuras de poder -es el director de cultura de un municipio- recurre a las redes sociales -tan vilipendiadas y demonizadas desde el discurso oficial- para expresar sus pensamientos críticos? ¿No tiene a su alcance un núcleo o comité del PCC, un Consejo de la Administración, un Consejo de Gobierno, una sección sindical, un Consejo de Dirección Provincial de su organismo, infinitas reuniones administrativas y políticas? ¿No tiene todo eso también en el ámbito académico? ¿Y por qué, en los comentarios, hay tantos cientos que desde roles similares a los de Turro Gomero, que comparten sus criterios? ¿Es que ni siquiera ellos, que forman parte de las estructuras de poder, son escuchados y tenidos en cuenta? 




lunes, 9 de septiembre de 2024

Cuba y el Mercado

 Por: José Ángel Turro Gomero*

Tomado de la página oficial de facebook del Héroe de la República de Cuba René González

Las relaciones mercantiles van entrando aceleradamente en todo el tejido social del país. Lo hacen para mal, pues van pudriendo todo lo que tocan, especialmente los valores morales revolucionarios y la concepción de un proyecto social socialista, más justo y humano. 

La cultura del yo tengo se va imponiendo. El egoísmo mipymero se va  colocando  por encima de los intereses comunes y el afán de lucro va dejando su impronta en todos lados, desvalorizando los ideales más puros de la nación  construidos con tanto esfuerzo y sacrificio durante la revolución. 

La cultura del timbiriche aflora y prevalece. Hay que comprar y revender como vía de enriquecimiento o para sobrevivir. El salario estatal se deprecia a un nivel tal que lo hacen risible. Maestros, médicos, profesionales de alto nivel, pasan a las filas de los vulnerables, de los que no pueden llegar a fin de mes, ni siquiera a mediados. Va siendo imposible vivir del salario estatal. 

Mientras, aparecen en las calles autos lujosos con los nuevos ricos como propietarios. Aumenta la riqueza en manos de una parte minoritaria de la población, mientras masas cada vez mayores son lanzadas a la pobreza extrema y el hambre. Es una realidad que algunos no quieren ver, pero basta salir a nuestras calles para percatarse. 

El mercado va haciendo lo suyo, su labor de erosionador de la conciencia política es perceptible a diario. El predominio de las eufemísticamente llamadas formas no estatales de producción (propiedad privada) se va imponiendo en todas partes, incluyendo la recogida de basura en la capital. Pareciera que la empresa estatal socialista ha sido condenada a muerte por el mismo estado.

Existe una manera archiconocida de arruinar a una empresa estatal: descapitalizándola, abandonándola, haciendo que pierda su fuerza laboral calificada,  no financiándola, dejándola destruir … luego, se la entrega a un emprendedor  privado que reduce la plantilla y aumenta los precios hasta el infinito, pierde el pueblo. 

Alguien dijo: Cuando todo sea privado, nos privaran de todo. 

El capitalismo se construye solo, nada más le hace falta un empujoncito y todo lo creado por la revolución se viene abajo. Las sagradas conquistas sociales socialistas están contra la pared. Es virtualmente imposible resolver un empaste dental sino lo pagas, tanto el material como la mano de obra. Pasa lo mismo con otros servicios médicos y de otra índole. Lo cual es muestra del deterioro moral que la crisis económica  prolongada y agudizada provoca.

Precios de horror para alimentos básicos ponen al pueblo en una situación de vulnerabilidad extrema.  Se  apela a lo que sea para sobrevivir. La emigración se dispara y amenaza con dejar al país sin jóvenes.  

Las novelas de la televisión van mostrando ya el reajuste social. El galán, proveniente de una familia rica, propietario de un hostal y también la empleada pobre,  abandonada a su suerte, más el joven marginal apartado del sistema educativo y laboral del país. 

 Es un triste reflejo del mundo que estamos construyendo. 

Los docentes, un capital humano invaluable, construido con el sacrificio del país durante décadas, abandonan las aulas en busca de mejores salarios  y  condiciones de vida. Otros profesionales, altamente calificados, también  dejan sus puestos laborales y desembarcan en las mipymes. Regresa a la calle el buzo, que hurga entre montones de basura maloliente algo de comer. El buzo puede ser un jubilado que no puede vivir de su magra pensión, ganada luego del sacrificio de toda una vida. 


Solo una revolución salva hoy a la revolución. Una revolución que ponga de nuevo al pueblo en el centro de su atención, que abandone los mecanismos capitalistas de conducción de la economía o los ponga en su justo lugar, una revolución que priorice a la empresa estatal sobre la privada, que invierta lo poco de lo que se dispone en la producción de alimentos, en la salud, en la educación. Una revolución que combata sin tregua  a la corrupción, al desvío de recursos, a la malversación, al maltrato al pueblo. Una revolución que no olvide a los que la construyeron  y que hoy jubilados viven de la caridad pública o del apoyo de amigos y familiares. Una revolución que pueda elaborar un proyecto de vida viable para nuestros jóvenes, para evitar que emigrar sea la solución a sus problemas. 

Hace falta una revolución contra la ideología neoliberal, contra la simulación política, contra el robo infame de los recursos materiales estatales y las indisciplinas sociales y financieras, contra el culto ciego a la propiedad privada. Hace falta una revolución contra la apatía social, la desidia,  el conformismo, contra el burocratismo. 

Una revolución que no olvide, ni por un segundo, que se debe al pueblo, a los más humildes y desfavorecidos, que sienta por el pueblo, que sufra como el pueblo, que tenga un compromiso con la historia. 

Jamás el mercado sin regulación  y la propiedad privada hicieron progresar a nadie, menos en medio de un bloqueo económico y financiero feroz ejercido contra la isla rebelde por la potencia hegemónica del planeta.  Cuba es Cuba y no se parece a nadie. Viet Nam y China, que han empleado profusamente el mercado y sus mecanismos en su desarrollo, poseen la cláusula de Nación Más Favorecida en el comercio otorgada por Estados Unidos y reciben sin restricciones millonarias inversiones y facilidades económicas. Cuba enfrenta una Guerra No  Convencional sin parangón en la tierra, no son las mismas condiciones, por lo que no pueden copiarse acríticamente los caminos.  

Las extraordinarias conquistas sociales alcanzadas con tanto esfuerzo, sacrificio   y creatividad, están en peligro: escuelas sin maestros, cobro ilegal de servicios médicos, incremento de la inseguridad ciudadana, falta de higiene pública, emigración descontrolada y en aumento de jóvenes  y profesionales, impunidad, corrupción,  entre otros males. 

La revolución tiene hoy que reinventarse si quiere sobrevivir, lo tiene que hacer con el esfuerzo de sus mejores hijos.   ¿Lo hará? ¿Existe la voluntad política para ello? ¿Tenemos tiempo aún? ¿Están lo cuadros necesarios para eso?

Creo, sinceramente, que sí. 


✍️ José Ángel Turro Gomero es profesor en Centro Universitario de Baracoa. Director de Cultura en Baracoa

sábado, 7 de septiembre de 2024

Una aclaración necesaria.

 Los últimos días, me han estado escribiendo y llamando varios ex-compañeros de Radio Granma, la emisora de Manzanillo en la cual trabajé durante muchos años.  Mi pasión, más casa que mi casa,  de la cual un 5 de febrero de 2014 alguien me botó -sin sancionarme porque no tenía cómo sino me cerró todos los contratos artísticos a partir del criterio de que "no me necesitaba".

Me faltaban 16 días para cumplir 41 años y aquello fue el inicio de un cambio radical en mi vida. Unos meses después supe que no solo prescindían de mi en Radio Granma sino que me habían "señalado", en una reunión nacional de directores generales de emisoras realizada en Holguín, como un "buen realizador del cual se había tenido que prescindir por problemas ideológicos".

 Debido a tal escarnio, nunca más encontraría trabajo en ninguna otra emisora de Cuba. Sólo una antigua jefa -que no voy a mencionar su nombre no vaya a perjudicarle- se atrevió a proponerme tres años después escribiera unos guiones para un programa de su emisora pero ya la radiodifusión, y la rigidez de las normas para hacerla en Cuba, se me habían salido de mi corazón. Y estaba concentrado en escribir para La Joven Cuba y, eventualmente, colaborar con Segunda Cita,  y en llevar mi propio muro de facebook. Ya para entonces también me habían expulsado de la UNEAC sin que nadie de los más cercanos -excepto Israel Rojas Fiel cuando se enteró un par de años después- hiciera nada para evitarlo o para que se rectificara. 

Con el tiempo -y la cantidad de buenos profesionales de los medios y comunicadores que se ha ido del país- de pronto un día me vi de jefe del departamento de comunicación social del gobierno de La Lisa. Descubrí que en casi diez años, por más que pasaran dos o tres congresos de la UPEC, La Asociación de Comunicadores Sociales, la UNEAC, la AHS; por mucho que tengamos aprobada por la Asamblea Nacional  y reglamentada una Ley de Comunicación Social: el pensamiento dogmático mediático y la estructura institucional enquistada que éste sustenta desde la nomenclatura del partido único, poco o nada han cambiado para bien. Decidí solicitar mi liberación como cuadro. Y me la dieron. 

Hace unas semanas volvía a entrar a los estudios de Radio Granma. Había aprovechado que uno de los camiones de mi empresa llevaría materiales de la construcción a Bayamo y fui a darles una vuelta a los mios en Manzanillo. Con mi mochila a la espalda, pasé por el frente de la emisora camino a una esquina por donde pasan coches tirados por caballos para ir a la terminal, y vi rostros que fueron mis compañeros de trabajo -pudiera decirse amigos de cuatro o cinco que no voy a mencionar por que hay antecedentes de represalias- y me pidieron que entrara a los estudios, que viera cómo estaba aquello. Entré. Y vi con los ojos, vueltos a despertar, de un experto.

Entré para descubrir que ya he sanado. Que el dolor que me producía no ejercer la profesión que había sido mi pasión -y que sigo diciendo es lo único en mi vida que supe hacer más o menos bien- ya no me duele más. Caminé lentamente por aquellos pasillos que correteaba para no hacer baches cuando aún transmitíamos con aquellas reproductoras húngaras y japonesas de carretes. Estuve en el pasillito exterior en el cual el difunto Rolando de la Cruz, que era quien mejor se conocía técnicamente la emisora, Alfredito El Bate, mi amigo del IPVCE ingeniero jefe y yo por poco nos electrocutamos pal carajo intentando encender una planta de gasolina para  no dejar de transmitir  la noche en que el ciclón Denis azotó Niquero y Pilón y a nosotros nos inundó el primer piso. Y la verdad es que ningun recuerdo me produjo tristeza, ni menos rencor o rabia sino gozo, alegría y mucha paz. La paz que, supongo, da saber que uno hizo lo que creyó correcto y asumió con entereza las consecuencias de haber hecho lo que creyó correcto, sin traicionar las esencias ni volverse un renegado, ni un tipo fula, ni un mierda, creo. 

Entonces, cuando algunos ex-compañeros -unos cuantos considerados amigos pues ahí están, a pesar del tiempo y las distancias- me llaman y me pasan información  para que publique esto o lo otro acerca de quien dirige Radio Granma con las mismas manquedades culturales e ideológicas que yo le combatí  -porque aun es el mismo que me sacó, denigró, y sirvió de instrumento del Partido de la provincia y el gobierno del municipio para asesinar mi reputación-  tengo que decirles que no a mis ex-compañeros. Que cada cual tiene su propia guerra -como aquel personaje de la televisión- y la mía ya no es esa. Que si no sabe, o no quieren, o no pueden, defender sus derechos, o defender lo que creen correcto y asumir las consecuencias más allá de las aparentes conveniencias, a través de la UNEAC, la UPEC y todas esas organizaciones a las que siguen perteneciendo; ya yo no estoy disponible y menos para intentar dañar a un hombre enfermo, muy enfermo, que la vida se ha ocupado de ponerlo donde ha de estar. Un hombre que no es la causa de que la Radio Cubana  se esté quedando sin talento honrado, crítico y comprometido de verdad con un mejor país; un hombre que no es la causa de que los maestros de la radiodifusión cubana, sostenidamente, se estén quedando si un relevo a la altura culltural y comunicacional de estos tiempos, incapaces de producir artísticamente acorde a los requerimientos de las nuevas generaciones y la urdimbre digital. 

La causa de los problemas de Radio Granma no es la de un hombre, menos si está penosamente enfermo, como la causa de los problemas de Cuba no es el liderazgo o no de Diaz-Canel o Marrero. La causa es estructural  sistémica. Y no es con rencores personales ni egos exacerbados como se va a identificar y a combatir y a modificar para el bien esa causa.

Así que, amigos y enemigos, los problemas de Radio Granma, resuélvanlo entre ustedes los que aun trabajan allí. Y espero seguir abrazando a los abrazables después de este texto, sin rencores. 




jueves, 5 de septiembre de 2024

Retrato de Tres.

 Por Mailin Valdés*.

Cuando papá se fue, la casa quedó muy sola. No sé por qué se fue, mamá dice que el señor lo quiso así.  Yo sé que no está con ningún señor, sino con una señora que quiere ser muy amable conmigo y que a mí no me gusta ni un poco.  Por su culpa mamá tiene que trabajar y yo, yo me paso todo el tiempo sola en  casa y  no tengo con quien jugar. Papá era mi compañero de juego y aunque mi madre se empeñe en decir que él no nos hace falta,  a mí sí.  Tenía que hacer que papá regresara a casa, conmigo.

Cuando llegué a casa de papá, Bárbara, como siempre, me preguntó si había desayunado y esta vez no sé porque hasta me preguntó por  mi madre, si ella supiera lo mal que le cae. Yo le dije que no, mamá no tiene dinero ni para comprar el café, dije mientras miraba a papá con esa cara que solo yo se poner. Me senté a la mesa y tragué la leche y el pan con aceite como si tuviera mucha hambre. Yo sé que a papá se le estruja el corazón cuando me mira, así que mientras desayunaba le decía  que desde que dejó la casa no recordaba el sabor de la leche. El también preguntó por mamá, otra vez puse cara de perro triste y le dije que estaba limpiando en casa de unos amigos para ver si el domingo lográbamos un buen almuerzo. Él volvió con la cantaleta de que podía darnos el dinero que necesitábamos, Bárbara me miró, sonrió entre dientes y me dijo que a ella no le molestaba. ¿A caso papá no entiende que me hace falta él y no el dinero?  Ese día fui amable con Bárbara, dije que mi madre me había dado permiso para quedarme todo el día,  mientras papá aprovechaba cualquier momento para decirle a Bárbara lo contento que estaba porque la niña ya entendía las cosas.  Era verdad, yo sabía que papá tenía que regresar. Bárbara no tenía ningún caldero, ni verrugas en la cara pero había embrujado a papá y no lo dejaba ver cuánto nos hacía falta. Mamá dice que ahora duerme más cómoda, pero a veces cuando conversa con sus amigas la oigo decir que desde que el señor apartó a papá de nosotras no ha podido ir más de paseo y los ojos se le llenan de agua. 

Recordé los ojos de mamá y toqué mi bolsillo,  ahí estaba la medicina,  mamá me dijo que Bárbara debía tomarla a la hora del almuerzo, que solo así se acabaría su hechizo y papá volvería a casa. No sabía que mamá fuera maga y no importa, seguro la magia de ella era más fuerte que la de Bárbara.

Bárbara hizo la comida que más me gusta, esta vez  aunque no me gustara me la iba a comer toda. Papá estaba tan contento, yo reía y conversaba con Bárbara contándole de cuando papá almorzaba en la casita que él había construido para mamá y para mí.  Ella  trataba de sonreír y yo notaba que sus ojos se ponían como los de un sapo.

No recuerdo nada más, solo a papá sentado en mi cama pasándome las manos por la cabeza y diciendo que no me dejaría nunca más. Esa magia de mamá si es de verdad, por cierto hace días que no veo a mamá, ni tampoco a Bárbara. Bueno no importa, papá juega conmigo todos los días y me dice que pronto podremos visitar a mamá.


*La autora de este relato corto es una escritora nacida en Baire, municipio de Contramaestre. No sé si recuerdan aquel reportaje que escribí para Segunda Cita acerca  acerca de un taller y evento literario que se realiza en Baire llamado Patria Chica,  con el auspicio de productores campesinos. Mailin Valdés y su esposo Osmel Valdés son los fundadores de Patria Chica. 

Mailin Valdés (Baire 1988). Graduada de Informática y estudio Gestión Sociocultral para el desarrollo. Poeta y narradora. Ha obtenido premios nacionales en poesía. Tiene un libro publicado por Ediciones La luz: Traducción Apócrifa. Y varias obras suyas han sido antologadas en Cuba y el extranjero.



miércoles, 4 de septiembre de 2024

Grupo Literario de Manzanillo.

Por: Ángel Larramendi Mecias. Poeta y director del  Centro de Promoción de la Cultura Literaria de Manzanillo. 


Es septiembre un mes de importantes acontecimientos literarios para la ciudad de Manzanillo; entre los que hay que resaltar la fundación en 1920 de la Asociación de Prensa de Manzanillo, presidida por Manuel Navarro Luna; y los natalicios de José Escala Espinosa y Miguel Galliano Cancio; pero la fecha que sin dudas marca un hito dentro de la historia literaria de la ciudad es la fundación del Grupo Literario de Manzanillo, el 4 de septiembre de 1921.

Sobre la fundación del grupo nos cuenta Epifanio Sanchez Quesada en su libro Memorias de un manzanillero: "primero fuimos cuatro los que nos sentábamos a departir por las noches en el Parque Céspedes. Después reunimos dos bancos y se acrecentó la tertulia al aire libre. Luego se añadieron algunas sillas (...) pintadas de azul, con las iniciales G.L. en la parte superior. Entre los que nos reuníamos allí se acordó designar esa institución Grupo Literario. Era anárquica en su rectoría. Nadie la presidió ni pudo atribuirse su jefatura..."

El GLM se aglutinó en torno a la revista Orto, fundada y dirigida por Juan Francisco Sariol en 1912; y muchos de sus integrantes vieron publicada su obra en las páginas de esta revista.

Entre sus miembros se encontraban Elvira Fornaris, Ana Luisa Hidalgo, América Betancourt, José Machado, Modesto A. Tirado, José Maceo Verdecia, José Manuel Poveda, Luis Felipe Rodriguez, Alberto Aza Montero, Carlos Puebla Concha, Juan Francisco Sariol, Julio Girona [Padre] y Manuel Navarro Luna.


Como herencia de aquellos momentos quedan centenares de libros, revistas y folletos en los que se plasmaron los sueños de aquellos hombres y mujeres amantes de las artes y la historia. Fueron ellos quienes comenzaron a trazar desde esta tierra la ruta de la historia literaria de la ciudad del Golfo del Guacanayabo, que hoy siguen otros muchos poetas y narradores.

A todos ellos les debemos la luz y la palabra.




domingo, 1 de septiembre de 2024

Cuatro aves y un molusco

 Por: Armando Fernández Álvarez.

(Nada que ver con los cuatro tanquistas y un perro)

Estaba a medio camino del portal cuando, en la verja del jardin, despedí a La Doña.  

Parece  retrasada en su camino a casa despues de una noche tormentosa pero de poca lluvia. Tuve intención de eliminarla mas no pude negarle la vida al indefenso molusco a pesar de que sus cartilaginosos dientes de babosa trozan cualquier pequeña planta o retoño.

Sobre el tendido eléctrico, en la media entre postes, arrulla su triste canto una paloma rabiche. A baja altura, las golondrinas hacen lo que no puede Salud Pública: eliminar mosquitos y jejenes que, de enemigo pequeño, se han convertido en el villano del oropouche.

En uno de los charcos que refrescan nuestros baches, bebe, inquieta, La Tojosa. Hay para todos los gustos: aguas claras para el Aedes y  revueltas para otros transmisores. Es la oferta que en el verano,  junto al flamante basurero, dispuso Comunales para culicidaes y otros insectos. 

Dicen los estudiosos que la babosa deja un rastro de liquido denso ambivalente que la ayuda a encontrar pareja pero tambien atrae a sus depredadores. Nada en la vida es gratis.

En las flores de la gardenia de la cerca vuela estresado El Zunzún, mientras El Molusco, que ya recorrió casi todo el camino, se topa una barrera. Lo que para una minúscula hormiga es facilmente salvable, para La Babosa es un acantilado. Todo depende de la información genética recibida, de sus temores y aprendizajes: los memes que de sus culturas asimilaron.  

Resulta que las raices de la bugambilia, árbol que la Doña adora levanto en linea unas losas del piso del portal. Ya no está el arbusto pero quedan sus estragos. Bellas flores, buena sombra, pero el mal creció oculto. Predecible pero invisible.

Sigue la babosa intentando cruzar. Le teme al filo recto e irregular del desnivel. No quiere arriesgar ni un rasguño en su húmeda y resbalosa piel. Quizás su corazón de un solo ventrículo no es tan osado. Sigo esperando que sus antenitas encuentren un camino porque nuestra influencia sobre las decisiones del lento molusco son tan débiles y lejanas que es como sino existieran, no tenemos via para intercambiar ideas.

Mientras .......

"El tiempo pasa ,

 nos vamos poniendo viejo 

y mi amor no lo reflejo 

como ayer"

Resacas que el virus me dejó...



viernes, 30 de agosto de 2024

La no cruzada.

Por: José Ángel García Veloso*

Lo que los políticos digan que no es, es lo que es.

Si algo tienen los órganos del poder en Cuba, es información. 

Probablemente no haya en el mundo Poder (llámole así para no decir Estado, Gobierno, Partido, etc.) en este momento, tan bien informado como el cubano.

Cuando usted conoce como se mueve la economía, exactamente, y toma medidas para bloquear las vías que la gente ha adoptado para conseguir resultados ¿Qué está haciendo?

Cuando usted le cierra al sector la posibilidad de cobrar en moneda dura, salvo excepciones, muy poco utilizables para la mayoría y de utilidad parcial en la práctica (espero no tener que explicar por que la MLC que es la que se ingresa generalmente en estos casos, tiene una parcial utilidad) y no provee vías para su compra oficial ¿Qué está haciendo?

Cuando usted crea nuevos tipos contravencionales y reactiva la persecución de conductas delictivas, como la compra de divisas ¿Qué está haciendo?

Cuando usted bloquea el comercio mayorista de los sujetos no estatales sin pensar que es la única vía de abastecimiento de los negocios medianos y pequeños - también de algunos grandes -  que no tienen capacidad, ni necesitan,  importar en grandes cantidades ¿Qué está haciendo?.

Solo éstas situaciones  que menciono, que constituyen el 10% de las modificaciones que en la práctica se están operando, tanto de derecho como de hecho, dan para tener que cerrar la mayoría de las empresas y negocios del sector no estatal de la economía.


* El autor es licenciado en derecho. Director general de PRIMUS S.R.L.

miércoles, 28 de agosto de 2024

Nosotros, los pobres.

Según el Grupo Banco Mundial, en 2022 aumentó a 712 millones la cifra de personas sumidas en la pobreza extrema. Ese año, se estima, La Humanidad estaba compuesta por 7951 millones de habitantes, o sea, los pobres extremos constituían el 8.95 porciento de la población mundial. La cifra ha seguido creciendo.

La pobreza extrema, es, acaso, el indicador que muestra los conglomerados en peor situación, en una situación límite entre la vida y la muerte, y de extrema exclusión social. Sin embargo, un informe de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD, publicado en octubre de 2021, revela que de un monitoreo realizado en 80 países cuya población totaliza 5900 millones de habitantes, 1300 millones sufren pobreza en múltiples dimensiones, o sea: unas milésimas más que el 22 porciento. El 49.53 porciento de esas personas pobres son menores de 18 años. Casi el 85 porciento vive en África  subsahariana y más del 67 porciento viven en países de renta media. 

El 60.6 porciento de las personas pobres, según revela el informe del PNUD, vive en hogares donde hay, al menos, una persona que padece de desnutrición. El 43.6 porciento debe caminar como mínimo 30 minutos ida y vuelta para encontrar agua potable. 

Es tan grande la diferencia entre los indicadores sociales en los llamados países ricos -que en realidad han sido países colonizadores- y los países pobres o en vías de desarrollo -que en realidad han sido los países colonizados y expoliados- que los estudiosos han establecido una variable denominada Riesgo de Pobreza y Exclusión Social. Su necesidad responde a la asimetría: no es lo mismo un excluido socialmente en Zambia que en Suiza. No existe similitud de expectativas por razones no sólo de índole económica sino también de índole cultural. Así, fácilmente uno de los 95 millones de sujetos catalogados con Riesgo de Pobreza en La Unión Europea -el 21.4 porciento de su población-, si vivieran en el África Subsahariana con esos ingresos y oportunidades, sería considerado fuera del rango de pobreza. 

En los Estados Unidos, en 2020, había 30.7 millones de personas en situación de pobreza multidimensional, de una población de 329.5 millones de habitantes. O sea: el 9.31 porciento de los estadounidenses residentes o ciudadanos. La cifra no incluye los cientos de miles, tal vez millones, de indocumentados que no se contabilizan. 

En este gráfico contenido del enlace, se muestra que la pobreza en los Estados Unidos entre los nativos americanos y de Alaska es del 25 porciento, entre los negros es del 17.1 porciento y entre los hispanos de cualquier raza es de 16.9 porciento, de la población total de ese país. En todos los casos, sus porcientos, son superiores a la media mundial.

En la Cuba actual, mi padre, cobra una jubilación mensual de 1528 pesos. Esa cifra, al cambio establecido por el gobierno de 120 CUP equivale a 12.73 USD lo cual significa que mi viejo dispone, por su jubilación, de 0.42 USD, o sea, 42 centavos de dólar diarios. O únicamente a una libra de pollo, un litro de aceite más 200 gramos de pastas a los precios topados establecidos por el gobierno. Si, a falta de un mercado de divisas legal que sustente esa tarifa cambiaria aprobada por el gobierno, le aplicamos la ilegal, entonces mi padre apenas cobra 4.92 USD al mes, o sea: 0.16 centavos de dólares al dia.

Mi abuelo paterno, colaborador cercano de Paquito  Rosales, primer alcalde comunista de Cuba, tuvo que huir de Caymanera por estar "quemado" como agente del PSP (Partido Socialista Popular)  en la Base Naval de Guantánamo. Con esa "marca" no encontraba trabajo en Manzanillo y fue Ramiro Cabrera -abuelo del correalizador de mi documental sobre Girona, Ramón Cabrera-, dueño de una zapatería, el único que le dio empleo. Pero mi abuela, con su máquina de coser, tuvo que echarse arriba la familia durante varios meses.

En 1956, me cuenta mi padre, el USD y el peso cubano estaban al uno por uno, claro está: aun no existían ni el bloqueo ni las nacionalizaciones. Con 42 centavos diarios, mi abuela hubiera podido comprar una libra de carne de res a 21 centavos -recuerden que vivíamos muy cerca de una zona ganadera y que Manzanillo tenía entonces una poderosa imdustria talabartera-, una libra de arroz a 12 centavos -también teníamos arroceras y molinos-, una libra de garbanzos importados a 6 centavos y usar para el guiso 100 gramos de manteca de cerdo más los condimentos. Obviamente, habría otras necesidades de calzado, vestimenta, servicios de salud, de instrucción. Y no todos los días la máquina de coser daba 42 centavos de ganancia neta. De hecho, casi nunca daba más de 30 centavos y de no ser por la ayuda de mi tio Chicho Lorente -que era jefe de cuadrillla de linieros de la compañía de electricidad-  y una prima casada con un bayamés de buena posición: "Nosotros hubiéramos pasado hambre y necesidades en esa época", contaba mi abuela Elba.

Mi padre estudió 5to y 6to grados en el colegio privado Arango -cuyos dueños eran tios del escritor y guionista manzanillero Arturo Arango- y mi abuela pagaba un peso mensual gracias a que ya mi abuelo trabajaba en lo de Cabrera y ganaba de 15 a 20 pesos semanales. El séptimo lo hizo en una escuela secundaria básica en la cual Hubert Matos le impartió clases de Anatomía y Educación  Física. Luego triunfó la Revolución... 

Casi todos los ciudadanos romanos, en época de Adriano, comían pan, gachas y verduras,  y levantaban el codo con bebidas fermentadas. Vivían en especies de ciudadelas -ahora las llamaríamos repartos-, disfrutaban del circo y los baños públicos. Esa eran sus expectativas de calidad de vida. Si en aquel tiempo hubiera existido un Banco Mundial, sociólogos y economistas del neoliberalismo, los consideraría por encima del límite de pobreza aunque un ciudadano rico romano, un hegémono o un senador, pudieran además disfrutar del sexo con esclavas escogidas, combinar los cereales y las verduras con carne, queso, vino y miel; y participar en voluptuosos banquetes. ¿Por los esclavos, preguntas? No contaban. Ni siquiera habían contando para los filósofos griegos. 

Existen varias metodologías para medir los índices de pobreza de un país. Van desde el extremo rentista del Banco Mundial -que la mide sólo a partir de la renta promedio diaria que una persona puede adquirir, 2 dólares con cuarenta centavos- y la de nuestras instituciones gubernamentales cubanas que asumen las prestaciones sociales administradas por el Estado -y pagadas por el sector productivo del pueblo, no se olvide ese detalle que, a menudo, se soslaya- como parte de los indicadores de acceso a la riqueza. 

Resulta complejo -yo diría que, más que complejo, intrascendente- intentar realizar comparaciones entre épocas del criterio de la pobreza. E interesante, llamativo,  resulta que los que intentan establecer los criterios de la pobreza en las organizaciones internacionales y las academias: ¡Ninguno es realmente pobre!

Y es, me parece, porque la pobreza tiene que ver con la renta, sí, pero también con la expectativa de valerse por si mismo, sin asistencia estatal gubernamental o no gubernamental. Si yo fuera a establecer una definición de pobreza diría que: la pobreza es la imposibilidad de ser mínimamente libre, mínimamente emancipado socialmente

El gran problema es que esa expectativa de mínima libertad y emancipación no cabe en ninguna aritmética positivista ni reconoce proporciones racionales sincrónicas ni diacrónicas. Diríamos que la expectativa cae en el dominio de los números complejos irracionales, y que no puede medirse su relación en términos ni rentistas -como el Banco Mundial- ni asistencialistas, como intentó cierta narrativa oficialista criolla, antes de que cayéramos en la debacle económica actual. 

¿Cuál sería la expectativa de un artesano romano de la época de Adriano? 

¿Cuál la de uno de los tejedores de Silesia sublevados en 1844?

¿Cuál la de mi padre con 14 años al triunfo de la Revolución en 1959?

¿Cuál es la expectativa de una madre soltera afroamericana asistenciada en el Bronx?¿Será la misma que la de otra madre soltera en Gaza o asistenciada en Tel Aviv?

¿Cuál la de mi hija a poco más de un año de graduarse como médico para ganar un salario equivalente a 1.66 USD diarios en un contexto en que ya ni la llamada canasta básica -arroz, azúcar, un poco de granos, café y algo más que apenas alcanzan para unos días- se garantiza a tiempo por el Estado Cubano a precios más o menos asequibles? ¿Será la misma que la del hijo o el nieto del miembro del Buró Político o del Consejo de Ministros?

Y todo eso en el mundo donde en 2023 se reportaron 2.24 billones de dólares en gastos militares públicos -no están contabilizados los secretos- que alcanzarían, digo yo, para que todos, tuviéramos cubiertas nuestras expectativas, por lo menos, como el romano a su pan, verduras, queso, cebada, circo, baños públicos... ¿O no?