"Ojalá nunca tengas la mala suerte de que un Pocket Card (dispositivo terminal portatil de cobro) de carga de FINCIMEX falle y te vacíe el saldo de la tarjeta prepago del combustible", me había advertido el jefe de operaciones de una empresa homóloga a la mía. Se trata de uno de esos accidentes que uno creería que nunca le va a pasar -como que se te quede trabada la tarjeta magnética en un cajero automático a las 12 de la noche o que ETECSA o la UNE te corten el servicio por un error... De ellos- pero que, cuando te pasan, te confirman lo mal configurados que están los servicios esenciales en este país, y la poca importancia real que le da el gobierno a resolver esos problemas, si nos atenemos a la incapacidad de ser efectivos en su resolución.
El procedimiento parece sencillo: abres una cuenta empresarial de prepago en FINCIMEX, le pones una cantidad de dinero, solicitas una o varias tarjetas magnéticas y le adjudicas un determinado saldo con el cual podrás pagar el combustible en cualquier servicentro del país. Sin lío... ¡Pues no! ¡Con lío! Con lío cuando un día el dispositivo del servicentro, por un problema de soporte de CUPET, falla y te "chupa" el saldo. Entonces el jefe de turno te debe de dar una carta que certifique el fallo -lo cual ya puede ser el primer problema si el tipo no está de humor, o no tiene impresora-, luego debes ir a FINCIMEX -no importa si el inmueble está a 40 kilómetros de donde te "chuparon" el saldo-, hacer una cola que puede durar todo el día -ya la de esta vivencia lleva tres horas y media- y, si no te pones pesado y no le falta algún requisito a la carta, FINCIMEX se toma su tiempo a discrecionalidad para rectificar el error. Tu tiempo como cliente y el costo de resolver un problema que ni tú ni tu empresa provocaron, del cual son víctimas, no le importa al gobierno ni al ministerio ni a ninguno de los que se dicen servidores públicos, ni mucho menos a los funcionarios y expertos del banco que deberían ocuparse de que no sucedieran tales dislates. Y la evidencia de que no les importa es que una y otra vez se repiten errores como ese, y no pasa nada.
Lo peor, y más irónico, es cuando el pocket que te roba el saldo es cualquiera de los existentes en la mismísima estación de carga de FINCIMEX. O sea, no es el problema de un cliente -CUPET, cuando el error se produce en un servicentro- sino el de una estructura del mismo Banco Financiero del CIMEX. Su pocket te chupa el saldo y, la misma entidad a la que pertenece ese pocket, te obliga a hacer una cola que no avanza, a perder lo menos un día de trabajo para rectificar la barahúnda que ellos mismos armaron por no detectar a tiempo un equipo defectuoso.
Podrá reunirse un millón de veces el Consejo de Ministros, podrá El Presidente del país lograr los contratos más ventajosos lo mismo con los rusos que con los Caballeros Yedi, podrán -en el más fantasioso de los casos- los americanos quitar el bloqueo y darnos la condición de nación económicamente más favorecidas... Que si uno tiene que pasarse un día entero en una cola para que un banco como FINCIMEX rectifique un mal funcionamiento de ellos mismos, que le causa a tu empresa prejuicios serios como cliente suyo, este país jamás va a salir del subdesarrollo y la precariedad. Y este modelo socioeconómico seguirá cayendo en una espiral indefendible de disfuncionalidad.
Mientras haya entidades como FINCIMEX -esenciales para el normal desenvolvimiento económico de la nación- puestas, por obra y gracia de la nomenclatura político-administrativa, por encima de cualquier escrutinio ciudadano y funcionen como monopolios sin competencia ni alternativa, este país seguirá en espiral descendente hacia la bancarrota aun cuando la hostilidad externa desaparezca por completo.
Porque es el secuestro del tiempo de la ciudadanía -dígase el pueblo, si se quiere-, debido a la brutal ineficacia de estos monopolios como FINCIMEX o ETECSA, por poner otro ejemplo, el impedimento mayor para nuestro desarrollo. Y uno de los argumentos más convincentes y prácticos de que nuestro sistema, en el cual un monopolios estatal rige las actividades que se creen o en verdad son fundamentales, no funciona: es obsoleto.
Luego de perdida la batalla económica, la acumulación sostenida, multiplicada, masiva e indetenible de malestares como éste, está haciendo que el proyecto denominado Revolución Cubana esté perdiendo la batalla ideopolítica.
(Dicho así, sin lubricantes, soy consciente de que la oración atraerá a los legionarios de las descalificaciones, las falacias, asalariados o amateurs, de la nomenclatura).
Pero: ¿Qué superioridad sobre el capitalismo hay en la ineficiencia, la precariedad de los servicios convertida ya en un problema antropológico y la justificación de esos males desde una prensa que hace cada vez menos periodismo y más propaganda politiquera?
Ningun propósito noble puede sustentarse sobre la incapacidad de funcionar correctamente, el dolo, la procrastinación, en sectores tan importantes como las finanzas, las energías, la industria pesada...
El encono, no de un pueblo sino de una estructura burocrática que parece funcionar solo para si misma, cuyo cometido cada vez más se aleja de su razón esencial, aquella proclamada "Revolución con los humildes, por los humildes y para los humildes". El encono basado en formas más o menos sutiles de manipulación o represión, no nos va a sacar del atolladero. El encono no como determinación de lucha por lo que se ama o por lo que se cree, ni por el camino de la coherencia con lo proclamado, sino como aferramiento de los mismos a las mismas obsolescencias, los mismos ensayos que una y otra vez conducen al fracaso. El encono como la incapacidad de cambiar a tiempo y resolver, o por lo menos ponerse en el camino de solventar, los problemas más graves por los que atravesamos. El encono se está revelando como la principal causa de nuestras desgracias. Y ese encono no le toca ni a Putin ni a Biden rectificarlo y encausarlo por el camino del progreso...








