martes, 24 de septiembre de 2024

El parque de la bolita

Por: Jorge Braulio Rodríguez. 


Todavía le decimos "Parque de la Bolita". Pero la bolita, que era un globo terráqueo hecho de hormigón armado, ya no existe: cuando los técnicos y asesores soviéticos se marcharon del que por ellos se llamaba Barrio de los Rusos, la intemperie - sin prisa, pero sin pausa- se hizo cargo de ella. Primero, una casi imperceptible grieta atravesó el océano Atlántico y se abrió, hasta convertirse en un boquete, vacío en expansión, que unió Europa y América. El sol, las lluvias y el sereno, la dejaron en su esqueleto de cabillas oxidadas. Un día, para saludar una efeméride, el parque se remozó y los restos de la bolita desaparecieron. La esbelta y ascendente estela, en el muro que la sostenía, se quedó huérfana del mundo, sólo acompañada por un asta sin bandera y el busto del Apóstol.


En el otro extremo del parque, se alza una ceiba. Cada noviembre, en la conmemoración del aniversario de la fundación de La Habana, se realiza un acto cultural. Un punto culminante es cuando los vecinos y los visitantes, dan tres vueltas en torno  al tronco del majestuoso árbol para pedir que sus deseos se cumplan. En los días previos a ese ritual, aparece brigadas que recogen desechos y escombros, barren los senderos, podan los árboles y cortan la hierba. 


-Es cuando más feliz me siento- susurra el espíritu del Parque de la Bolita. Su voz no emerge de la ceiba, ni del busto del Apóstol, ni de la estela huérfana, ni de los bancos en que se refugian los amantes para abrazarse al amparo de la oscuridad. Su voz, simplemente, está.  -Es cuando más feliz me siento- repite.- Porque amanezco limpio. 


Pero no todos los días se conmemora la fundación de una ciudad. Ahora, aguardamos la rendición de cuenta del delegado del Poder Popular. Esa es la otra ocasión en que las autoridades recuerdan que este parque (¡Cuántos como él!) necesita un mínimo de atención. O quizás bastaría anunciar que cambió la fecha de la fundación de la ciudad, y hay que apurarse porque, la semana próxima, una visita de alto nivel vendrá a chequear la tarea… Al menos, correr la voz una vez al mes, no tiene que ser verdad. Otra mentirita, con tal de que las brigadas de saneamiento reaparezcan periódicamente, hagan lo suyo y le devuelvan la esperanza al espíritu del Parque de la Bolita.

domingo, 22 de septiembre de 2024

Regresión

Ana sentada en un banco pueblerino. 

Toby y La Oscura juguetean. 

Llega Proudhon y comienza a deshojar una biblia frente a la muchacha.

Juana había estado esperando para entrar a misa el domingo en la mañana cuando sintió el susurro de sus ensueños. Ya no escuchó más el trino de los pájaros tropicales ni el calor pegajoso de su isla. El manzanillo y la ceiba se convirtieron en orquídea y guillomo. Una drupa cae sobre el regazo de Ana y le despierta. Un viento seco le golpea. Polvo tibio. 

Toby y La Oscura ahora mordisquean las hojas del Apocalipsis. 

Juana trata de liberarse de los brazos de Proudhon y no puede, no quiere. Está sintiendo dentro de si el sonido de las siete trompetas como el unísono gregoriano, los alaridos de los soldados contra los muros, el hedor de la carne que se calcina con el aceite hirviente, el terror de las madres con los niños en su regazo, la sangre emanando de la boca de sus amantes. Su propio hedor mientras, alrededor de la hoguera, un niño llamado Giordano mira con terror su propio futuro. 

Cuando Juana despierta ya no está Proudhon. Toby y La Oscura descansan bajo el ciprés y cae la lluvia. El parque del pueblo se ha convertido en un retruécano.  Tiene la muchacha sed de saberes, hambre de amor.

Todavía los forenses no encuentran explicaciones en su cuerpo.


sábado, 21 de septiembre de 2024

El esclavo cantor y el resiliente

 Uno de los problemas que me trae leer mucho y, a la vez, tener la inteligencia del montón y una mala memoria semántica, es que a menudo recuerdo la esencia de textos que me impactaron pero no el nombre del autor ni el título. 

Alguna vez leí un libro de relatos de un autor cubano –de eso sí estoy seguro, de que se trata de un autor cubano- cuyos personajes y dramas se desenvolvían en cárceles. Uno de esos relatos, en particular, cuenta la historia de un recluso con una voz muy hermosa. El recluso cantaba, por lo bajo, para soliviantar sus barrotes. Los recios hombres del pabellón descubrieron ese don y, humanos al fin, afectados nostálgicos por la calle y los amores,  comenzaron a pedirle que cantara para todos cada noche. 

El convicto le había encontrado a su vida cierta utilidad. Tenía el reconocimiento de sus congéneres y la protección del mandante además de que hacía algo que, a él mismo, le causaba alivio y satisfacción. Cuando demandaba algo, propio de la vida en una cárcel, como era un tipo querido por su voz y  favorito del mandante, era complacido. Pero los reclusos –y su mandante- comenzaron a necesitar cada vez más del consuelo de la música, -dicen que la música produce endorfina-  y la garganta del cantor comenzó a resentirse, le dolía, tenía cada vez que hacer un esfuerzo mayor. Entonces su única petición era que le dejaran descansar un poco pero, para El Mandante, eso no era una solicitud  sino una queja, un síntoma de debilidad y de negación de entregarles a todos  -y más a él personalmente, al mandante- la música que necesitaban y que ellos mismos no sabían producir. Entonces la del cantor sería una súplica de quien no está dispuesto al sacrificio a cambio de protección y favoritismo. Lo que al principio generaba el placer de dar algo propio a los demás, poco a poco se fue convirtiendo en una obligación. Ya no era que cantaría cuando tuviera deseos, o su alma lo necesitara, sino que sería conminado, y obligado, a cantar cada vez que los más fuertes físicamente, el mandante y sus acólitos, lo precisaran. Y así, hasta convertirlo en un esclavo de su canto, doblemente sin libertad, dada su condición de preso. Un esclavo sin, ni siquiera, derecho a la queja. 

A los amigos se les tolera cierto goce malsano al tratar de pincharlo a uno. Esta mañana me despertó el mensaje de uno de esos amigos que me reenvía un texto de cierto gurú de la ideologética oficial cuya tesis es que está preparado para lo que sea, lo peor incluso,  sobre la base de sus logros personales –como guajiro, economista y escritor- desde la pobreza y un municipio alejado de la capital. 

Cuando leí el texto enviado por mi amigo jodedor, mi no tan pródigo pero libérrimo intelecto, me remitió al relato del preso cantor: una especie de parábola del socialismo autoritario y totalitarista –que no considero socialismo sino engendro entre la estructura monárquica y el capitalismo de Estado- que perfectamente pudiera ser aplicada a la relación que pretenden algunos tenga el partido único con la intelectualidad y los artistas cubanos. Mientras tú puedas cantarme loas, rapsodias al aguante y el sacrificio sin límites ni esperanzas; mientras tus demandas queden en los límites de lo que yo, representante del poder en el municipio, la provincia o la nación, quiero hacerte creer que les corresponde resolver a otros, o que es culpa de los otros, entonces tú eres un intelectual crítico, valiente y comprometido con la causa de la emancipación de los pueblos y el socialismo mundial. Pero si tus demandas –ya sean directas o sobresalientes de la enrevesada polisemia de tus obras- mencionan a este representante del poder con nombre y apellidos, o lo sugiere, o expone la institución a la que pertenezco, entonces el intelectual o el artista es un quejoso, y ser quejoso, en mi proyección ideológica autoritaria y totalitaria del disidente, es el primer paso a la contrarrevolución. 

Entonces el derecho a la queja, incluso pública, está avalado por la Constitución de la República pero no legitimado en las mentes de quienes integran el órgano que debería regir, en primerísimo lugar en pos del pueblo y no del Estado en si mismo, el cumplimiento de esa constitución: el partido. 

No hay acto alguno de valor en sentirse preparado para lo peor. Ni siquiera el estoicismo es la presunta certeza de que se está preparado para lo peor. El acto de valor, en todo caso, sería sentir que, sin estar completamente preparado para nada en esta vida, se pueda intentar cambiar para lo mejor o, al menos, para el alivio. Que el cantor intente cantar solo cuando las necesidades del resto de los reos coincida con las suyas. Y si no: mejor muerto que mudo por la extrema fatiga de sus cuerdas vocales y la sequía del corazón.

Vaya alguien a contarle al padre centenario de mi amigo Armando acerca de yuntas de bueyes, cañaverales, sol del mediodía,  caminatas y cantos en pos de un resultado. Vaya alguien a contarle a mi padre –que con ochenta años aún sigue siendo el proletario lúcido que siempre fue, y sigue trabajando-  sobre libros publicados y referencias académicas desde un lugar alejado de la capital. Vaya alguien a contarle a la señora que a veces me vende la tacita de café acerca del éxito y de estar preparada para lo peor. Tiene ochenta y dos años, una nieta minusválida y un nieto  preso: “dice él que no pero yo sé que fue por  meterse en mierdas políticas”, me cuenta aquella tarde que escampamos juntos: “y tengo que caminar seis kilómetros hasta mi casita porque las guaguas están malas”, en plena capital de la emancipación y el “socialismo” latinoamericano… 

El padre de Armando, mi padre, tantos otros padres y madres, abuelos y esas abuelas como la que, a veces, me vende la tacita de café, nunca han hecho un inventario público de logros personales para servir de ejemplo de resiliencia en aras de estigmatizar la demanda justa de un gremio o todo un pueblo, tratando de inocularla como queja. En esa adaptación silente de los cubanos y las cubanas hacia el cambio, que se manifiesta lo mismo cruzando a nado el rio Bravo que recuperando una pieza en un taller para que un camión salga a cargar sin importar si el dueño es un mipimero barrigón o un directivo estatal con papada; y también en la adaptación del que vocifera sus demandas en una parada, en una cola, en un congreso –los pocos que se atreven-, en una red social, está la más auténtica condición resiliente de lo cubano. Lo otro –mi amigo jodedor- ya no es ni siquiera la condición del intelectual asalariado del pensamiento oficial -que Silvio, el poeta libérrimo nos cantara porque sí-, ya no es el que pródigo o no por la meritocracia dado su talento, se vanaglorie de su resiliencia, no, lo otro es la condición del esclavo cantor…. Y charlatán.

Con todos y cada uno, mal le pese a algunos, habrá que seguir adelante.  

viernes, 20 de septiembre de 2024

Otra Cita y el binarismo cubano

 Ana de Armas, la talentosa y bella actriz que triunfa en Hollywood, dice con orgullo a un medio de prensa que es cubana, nacida en La Habana, que aunque se fue a vivir a Madrid a los 18 años, en Cuba siente que tiene lo más cercano. Si a Ana le hicieran la entrevista en Miami, es seguro, le preguntarían acerca de lo que llaman La Dictadura. Si ella respondiera lo mismo que El Misha –el reguetonero-, pero sin el reparterismo  de este sino con su tono sensual y su mirada tierna, Ana de Armas también sería demonizada. 

Si un día a Ana de Armas le diera por decir que no está de acuerdo con esto o lo otro proveniente del gobierno cubano; si se molestara, vaya, con que a tal o más cual artista joven le censuraran una exposición de Artes Plástica, o con que la Seguridad del Estado citara a uno de sus amigos por subir una foto a Facebook de la torre K encendida y El Vedado apagado, y expresara su molestia. Entonces para un montón Ana de Armas ya no sería tan cubana, aparecerían visos de indignidad en su comportamiento, comenzaría a parecerles una más que fue tras los destellos del capitalismo feroz. 

O por lo menos, si lo anterior pasara, Ana de Armas habría sido esclavizada por el hálito del tío Sam, según los mismos que gimen porque unos cuantos mipimeros tienen camionetas Chevrolet aunque reprimían el grito cuando, eventualmente, se hacían evidentes las prebendas y privilegios de familiares de altos dirigentes. Entonces una periodista de Cubadebate no iría a esperar a la actriz al aeropuerto ni Cubasí le seguiría con vedetismo. En Miami los facinerosos de youtube dirían que se lo merece, por hacerle el juego al régimen al visitar Cuba, y porque ellos le preguntaron por La Dictadura y la de Armas no quiso responder ni referirse al régimen de la isla en esos términos. 

En las redes, por lo menos en las redes, el binarismo nos está volviendo aburridos y monotemáticos. A pesar de los islotes de diversidad que, cada vez con menos frecuencia, nos traen Ernesto, JorgeBraulio, Armando y Francis,  este blog, Otracita, también se ha vuelto aburrido y monotemático, al menos, para mí y para algunos anónimos que, no por cobardes y odiadores, dejan de tener razón. Porque la razón –y su correspondiente realidad- existe más allá de la actitud y el comportamiento de quiénes la esgrimen. 

Yo también estoy -soy-  aburrido. Aburrido de y por la Cuba binaria y melodramática, de la queja catártica y el afán vacuo de confundir cotilleo sistemático –tal vez compulsivo- con lucha por lo que se cree y ama. No reprendo a nadie más que a mi mismo, y solo a mi mismo.

Es una obviedad que el gobierno y el partido no obtienen resultados, de cara al bienestar del pueblo cubano, en las condiciones que ellos mismos se impusieron al decidir continuar con la postura de enfrentarse al imperialismo, y de aliarse públicamente a cualquiera que, más allá de su postura ética, se considere enemigo de los yanquis. Pero no vencen  ni con la política exterior –aun cuando seguramente obtendrán otra condena casi unánime al bloqueo en la ONU-, ni menos con la política interior donde pesan más los intereses tribales que la ciencia, la crítica responsable y honrada,  y el sentido común.  

Pero tampoco yo, con este blog estoy obteniendo los resultados esperados, según mis propósitos.  Uno de ellos la visibilidad de un consenso que presionara al gobierno a cambiar sobre la base de nuestro compromiso con la Patria y su futuro. El otro, quizás el más importante sin el cual el primero no podría siquiera intentarse, el de crecer nosotros mismos. Reconozco que no he crecido acorde a las circunstancias sino, para peor, estoy cada vez más desmotivado, espiritualmente desmovilizado, inerte en la precariedad, la incertidumbre, en el tortuoso sendero de la miseria. 

Hace unos días le comenté a una amiga muy cercana que estoy valorando cerrar el blog. O por lo menos no publicar más entradas y dejar que ustedes comenten hasta que se vayan cansando, aburriendo, cambiando… Obviamente me dijo que no, que eso sería un disparate, que el blog era importante y que mucha gente lo leía. No estoy tan seguro dadas las estadísticas de visitantes y los pocos seguidores que tiene. También ha disminuido el número de foristas y la diversidad de temas que se abordan. El único responsable de eso soy yo, mi carácter y mi modo de gestionarlo ya arcaico desde el punto de vista de la comunicación 2.0 que premia el presunto anonimato y una supuesta diversidad, siempre y cuándo, favorezca alguna matriz dominante. 

He tratado de convencerme de que debo cambiar las reglas en tal sentido pero hay un giordan esencial –creo que todo sujeto tiene un yo esencial- que no me lo permite y no voy a traicionarlo. Me sentiría peor. El autorreconocimiento de la desvergüenza, creo, es peor que la desmotivación. 

¿Hasta qué punto este blog es útil más allá del binarismo y la catarsis vacua socialmente?

Es la pregunta que más me hago últimamente. 

Quizás ustedes me ayuden, con argumentos o acciones, a responderla, independientemente de la decisión que tome. Se los agradecería.

Prometo no discutir con nadie y publicar todo siempre que no infrinja las reglas. 

Mientras tanto los dejo con Silvio y su Historia de las Sillas. 



jueves, 19 de septiembre de 2024

Cuba y el cero absoluto.

 Los matemáticos hace años formularon la existencia del cero absoluto. Idealmente -porque no se ha comprobado empíricamente aunque algunos experimentos se han acercado- sería la singularidad en la cual un cuerpo o sistema se quedara sin energía interna, o sea, su temperatura sería de cero grados Kelvin. 

La mayoría de los físicos del macrocosmos han defendido que el cero absoluto no existe en el universo conocido, que es un límite matemático imponderable porque el segundo principio de la termodiámica plantea que los fenómenos donde hay intercambio de calor son irreversibles y tendientes al equilibrio. No es posible que sistema le ceda más energía a otro que su resto si el proceso es adiabático, o sea, entre esos dos sistemas y solo entre esos dos sistemas. 

Pero en el caso de que en un proceso no adiabático, un cuerpo, o una partícula, o un sistema pudiera cederle al otro y a un tercero que constituyera entorno, toda su energía interna hasta llegar a cero, al no quedar con ninguna energía, perdería instantáneamente su condición de cuerpo o partícula, o sistema,  o sea, dejaría de existir segun la tercera ley de la termodinámica. 

En el cero absoluto, la entropía, la termodinámica y mis desconocimientos de la física cuántica pienso bajo el sol de septiembre, mientras camino por la acera paralela a la Avenida que todos llamamos Boyeros pero que se llama, casualmente, Independencia. 

Camino porque no hay guaguas para el transporte público, al menos, por esa ruta. Sí las hay para las FAR -ni siquiera el MININT pues un montón de uniformados de ese cuerpo también esperan en las parada-, los no-turistas de Transgaviotas y Transtur -porque andan vacías- y algunos trabajadores de empresas, supongo, muy importantes y rentables que se trasladan en algunos de aquellos buses por los que echaba su bronca Lucius Walker para entrar a México con la caravana Pastores por la Paz. 

Después de dos horas en la parada de Cerro y Boyeros, veo a una docena de jóvenes con uniforme escolar que vienen no tan bulliciosos como suele ser costumbre. Los varones con las camisas en la mano o sobre el hombre, las hembras que traen por debajo de la blusa una prenda similar a un ajustador pero más abarcador y más grueso, también se han desabotonado. Sudan a mares. Negros, blancas, mestizos, trigueñas... Más bajos, más altas... Más gruesos, más delgados... Con un propósito común. Quieren llegar a casa, y caminan. 

Me embullo y camino con ellos. La adolescente delgadita y pecosa me comenta que son del politéctico "Osvaldo Herrera" y que, como llevaban más de dos horas esperando un P12, decidieron caminar. "Yo voy para Altahabana, por el puente de 100" "Yo también", le digo, y caminamos juntos. 

Entonces recibo un mensaje por el teléfono. Llegan noticias del terruño. Leo:

"Gior: 

Te escribo, y esto lo he pensado por que tú sabes como soy yo, pero estoy ahogada. Necesito si puedes me mandes para comprar un pomito de aceite.  (...) está parado hace días por azúcar,  no aparece y cuando aparece es muy cara, no le da negocio. ¿Te imaginas que hemos llegado al punto en Cuba de que alguien que dependa del azúcar para trabajar, esté al borde de la miseria, coño? 

 Mami me dijo 'habla con giordan' pero de veras me muero de la pena (...) no me gusta estar pidiendo.   ¡De veras estoy ahogada y contigo tengo confianza pero igual me muero de la pena. Si no puedes, no. Yo sé que si no lo hacieras sería porque de veras no puedes.  Besos de..."

"¿Se siente mal, señor? ¿Quiere que paremos a descansar?"

La adolescente me está mirando. 

"No, mija, no. Yo soy muy fuerte físicamente, con todo y que puedo ser casi tu padre ampliamente. Puedo andar muchos kilómetros pero a veces ni así alcanza".

"Entiendo. ¿Recibió una mala noticia?".

"No, lo peor no es que sea mala sino que ya es tan común, que no es noticia". 

En eso siento la corneta de un camión. Es un colega, la competencia, diría yo. Pero una vez coincidimos en un servicentro y su empresita de carga y la mía hemos colaborado. 

"¡Sube, guajiro!"... 

Por suerte lleva la cama vacía, y barandas altas.

"¡Compay, llévate a la muchachera esta también. Vienen a pie casi desde La Plaza!"

Una vez que los jóvenes suben al camión, yo, en la cabina, conversamos:

"De pinga, esto, compadre. Llevo casi tres semanas sin que caiga un viaje a Oriente", me dice el colega. Asiento en silencio. Él prosigue. "Imagínate, casi todos los clientes nuestros eran Trabajadores por Cuenta Propia que venían a La Habana, compraban al por mayor y vendían por allá. Y ahora dicen que les prohibieron vender por cantidad. ¡Qué  cada vez que la cosa empieza a fuir, inventan algo nuevo y la joden otra vez".... 

Llegamos al elevado de 100... Los muchachos se lanzan unos, y otros gritan de alegría al decirles al chofer que él sube y dobla a buscar el puente de Calabazar. Que hasta por ahí va. La jovencita pecosa también se baja. Al darle la mano a mi colega, este se despide con un cornetazo y: "Suerte, guajiro, suerte que esto se está poniendo peor que la Opción Cero"... 

"¿Qué es la opción cero?" -pregunta la pecosa. 

Los físicos cuánticos dicen que sí, que sí existe el cero absoluto aunque hasta ahora no se haya podido ponderar. Matemáticamente han demostrado que, en el microuniverso, un sistema pudiera pasar de 1 grado Kelvin a -1 grado Kelvin que sería pasar de la mínima entropía positiva a la máxima entropía negativa. De casi no tener energía a una anti-energía descomunal. 

La entropía es la medida del caos, de la desorganización interna de un sistema. Mientras mayor es la entropía más energía interna tiene el sistema y con mayor facilidad le "cederá" desorden a otro sistema hasta equilibrarse. 

Quizás a nosotros, en Cuba, nos ha sucedido, precisamente, eso mismo. Hemos pasado por el cero absoluto. Le hemos cambiado tan súbitamente el valor y el sentido de la desorganización al sistema, que ni nos dimos cuenta... 

Lo bueno es que, aunque las partículas no tienen noción ni conciencia,  cada vez más cubanos: ¡sí! 



viernes, 13 de septiembre de 2024

Ay, El Paquete.

 A mi nunca me ha gustado El Paquete Semanal. Ese método de que alguien escoja lo que me va a ofertar, y de eso otro alguien más escoja y así hasta que la cadena descendente llegue a la esquina de mi casa, no me gustó desde el principio. Me parecía el mismo verticalismo perjudicial que yo le criticaba siempre al sistema de gobierno. 

Precisamente, mi guerra en la radio  siempre fue no entender por qué había que escogerle el repertorio temático al oyente, como si los comunicadores fuéramos dioses y los perceptores subnormales. Por aquel entonces mi amigo Dionisio Ponce y yo debatíamos el epígrafe donde él abordaba los aspectos comunicacionales de su tesis de doctorado acerca de la transposición sociocultural, y yo me acababa de leer a Paulo Freyre que era  quien me hacía vislumbrar un camino de verdadera  emancipación cultural antihegemónica (Por cierto, de Paulo Freyre la izquierda más izquierdosa casi no habla... ¿Habrán descubierto que trabajaba para Soros, tú?) a través de un paradigma educacional alternativo a nuestra pedagogía autoritaria. Entendía -entiendo- que la verdadera participación no está en hacerles preguntas a la gente como en un crucigrama, premiar la respuesta esperada y negar y aclarar la no esperada, sino en propiciar que los oyentes nos dijeran lo que pensaran o sintieran, con plena honradez, sobre el tema propuesto, y que ellos mismos escogieran ese tema y su abordaje con responsabilidad. Podíamos atrevernos. ¿No éramos el país de América Latina con mayor proporción de universitarios y bachilleres respecto a su población? ¿Nuestros índices educacionales no estaban avalados por la mismísima UNESCO como de primer mundo? ¿O no? Aunque me acerqué como realizador a concretar esa aspiración. No lo logré. Por un tiempo fue una de mis frustraciones en noches de rones bajo la luna. 

Por eso nunca me gustó El Paquete. Porque replicaba, disco a disco, memoria a memoria, la misma aplicación de la Teoría de la Aguja Hipodérmica de nuestra Radio y Televisión y nuestro, para mi enquistado, sistema educacional. -¿Acaso los que controlaban El Paquete eran los mismos que de verdad controlaban los medios, al MINED y el MES? ¡Ay, mente perversa!

Y por eso siempre que tuve ocasión, desde la UNEAC -organización que va a pasar a la historia por los aportes de sus individualidades a la cultura cubana y su vocación para expulsar voces disonantes- de explicar y argumentar mi malestar, lo hice. ¿Cuál era la respuesta de las autoridades del Ministerio de Cultura, del extinto -más bien mutado- ICRT y de la mayoría de los pezzonovantes de la propia UNEAC? 

Al principio me daban la razón, y hablaban de la necesidad de ajustar nuestros propios mecanismos promocionales y difusores. Luego llegó el argumento más contundente: ¡Contra El Paquete no se puede! Yo quedaban siempre confundido: ¿Cómo los directivos de un sistema de medios y de promoción cultural se quedaban tan conformes con algo que era, en definitiva, su competencia más eficaz? ¿¡Había tipos y tipos de la supuesta vanguardia artística, trabajadores de los medios, que defendían El Paquete desde la perspectiva de la democratización de los productos culturales mientras hacían silencio sobre la tácita prohibición en nuestra televisión de los materiales de La Joven Muestra Cinematográfica o del Almacén de la Imagen?! Los había. Los hay. No pocos aun. 

Nunca me pasó por la mente que la prohibición de El Paquete fuera el camino correcto.  Desde que a mis 12 años El Viejo me prohibió la bicicleta porque un tio mio camionero me sorprendió pedaleando solo por el Entronque de Buecito, a 39 kms de Manzanillo, supe que prohibir es el mejor camino para incentivar. No voy a enumerar cuáles eran mis propuestas, básicamente están contenidas en mi El Casi Libro del Inconforme. Retazos de la Censura, publicado en 2010 por ORTO. 

Desde la AHS, creo, y los Joven Clubes de Computación y Electrónica se trató de impulsar La Mochila: una alternativa al Paquete. Asesoré tesis sobre Comunicación Social o Sociología de la Cultura cuyos diplomantes encontraban en La Mochila toda la información para su análisis teórico conceptual. Y gracias a La Mochila leí el Ulises de Joyces, la nueva narrativa norteamericana, a Kundera y a Dulce María Loynaz, entre otros. Pero le faltó fijador porque estaba ajena a los debates de la calle, no llegaba al perceptor común, se convirtió en un paquete de élite, de "culturosos". Y luego, creo, despareció. 

De modo que el argumento de que contra el paquete no se podía resultó ser una verdad como un templo. No se pudo, no se puede ni se podrá, por lo visto.

La pregunta es ¿Por qué? 

Entre 2014 y 2015 estuve, por circunstancias personales, muy cerca de un "centro" de distribución de El Paquete en Alamar, donde residí unos meses durante mi primera aventura por La Habana para ganarme la vida. El Dios de los Ateos "me la ponía en la mano" para estudiar la dinámica del fenómeno. Pude comprobar que, al menos, la primera de mis hipótesis era cierta: se iba decantando, iba "degradándose" en la medida en que aterrizaba en la "base" (Como las orientaciones del Comité Central, vaya) en este caso por dos razones fundamentales: la limitada disponibilidad de capacidades de almacenamiento y procesamiento de cada distribuidor, una razón,  dividas por la formación cultural y el gusto de aquel y la tribu cultural a la que pertenecía, otra razón.  Si el distribuidor era como mi amigo, al que le gustaba Nightwish, Sabina, Silvio, Fito Páez, Pablo, Scorpions, Rojitas versionando a Los Beatles, Guns and Rose, Buena Vista Social Club, Van Van y La Bella de la Alahambra, bueno, el problema no era tan gordo pero.... 

Aquí aparece un indicador interesantísimo. La tendiente posición  ideopolítica ascéptica de El Paquete. Aunque podías encontrar materiales audioviduales con tergiversaciones groseras de la historia de cualquier latitud, aunque aparecía mucho de la  tontisemia ramplona de la televisión europea y latinoamericana, no vi en aquella etapa materiales de las televisoras miamenses más acérrimas contra la Revolución o el gobierno. Algunos de los youtubers y humoristas ahora excomulgados en ConFilo por su radicalización, en unos casos, y su odio, antes aparecían en El Paquete pero light, vaya, suavecitos. Sólo cuando dos o tres youtubers, muy habituales en aquellos Paquetes, qué conste, se pusieron fulas de verdad, como si se hubieran ido de control, también disciplinadamente, dejaron de ser distribuidos. 

O sea que los sujetos de la red nacional de El Paquete, por alguna razón, sabían que podían jugar con la cadena sin pisotearle la cola al león, y menos intentar cuestionarle la melena, por lo menos, entre 2014 y 2015 que estudié el fenómeno. 

La verdad es que olvidé El Paquete hasta el charrasquillo de los últimos días. ¿Por qué prohibir El Paquete precisamente ahora? Ahora, con la Internet y la conectividad. Las novelas turcas y los shows televisivos foráneos, las películas clase C y Bebeshito parecen ser el menor de nuestros problemas actuales.   Tengo que confesar que me sobresalté cuando le escuché a un vecino -no tan joven, por cierto: "Coño, ahora me llaman y me dicen que no puedo vender El Paquete. ¡¿Qué pinga prefieren, que me dedique a vender químico*?!

Hace un tiempo solté en Segunda Cita otra de mis hipótesis tremebundas: la aplicación en Cuba de la técnica del salto al vacío. La técnica del salto al vacío consiste en lanzar un rumor, socializar de modo underground un pedazo de información -como el trozo de ADN de un virus que puede asociarse al ADN de otra célula- dejar que el rumor haga lo suyo, medir la respuesta de la gente, y luego desmentir. La técnica tiene a favor que aquellos comunicadores e intelectuales indóciles que intenten poner en agenda la problemáticas, quedarán  como torpes incapaces de detectar una fake news. 

Creo que, esta vez, con El Paquete, eso fue exactamente lo que sucedió. La pregunta vuelve a ser: 

¿Por qué. 


* Químico le llaman a una sustancia estupefaciente y alucinógena que, por los comentarios en la calle cada vez más contundentes, parecen estar consumiendo algunos -no podría yo precisar la cantidad- jóvenes cubanos.

martes, 10 de septiembre de 2024

Apuntes a propósito de Cuba y Mercado.

Le salta a la vista de cualquiera que sea la formación del lector. Hay un error conceptual de fondo en el texto Cuba y el Mercado de José Ángel Turro Gomero: achacar el deterioro social en Cuba a las relaciones mercantiles. No puede decirse que el dislate sea la expresión de un dogma seudomarxista porque ni siquiera los soviéticos mayores partidarios de la planificación, la centralización y el control estatal, se atrevieron a atribuirle a las relaciones mercantiles los problemas sociales. No confundieron mercado con relaciones de producción y distribución de la riqueza. 

El autor olvida que antes de que existan relaciones mercantiles tienen que haber distribución del trabajo y relaciones de producción. Sin productos, no hay mercado. Sin productos menos hay necesidad de que ningun Estado administre y distribuya equitativamente lo producido, o regule y norme para que se haga a través del mercado. El Estado surge, precisamente, cuando hay excedente de producción, hay una incipente propiedad privada y se manifiesta la necesidad de regular la relación entre la acumulación y la distribución de esa riqueza. Entonces el Estado, en sentido estricto, es un regulador social y el gobierno, su brazo ejecutor, es un mero administrador. 

Pero toda producción material es, también, producción cultural que potencia los nexos entre los sujetos, o sea, tiene asociada producción ideológica -ideológica, no necesariamente ideopolítica- como una de las dimensiones de La Cultura. 

La conversión de un animal en caza, primero, y luego en alimento, adquiere connotaciones significantes -de ahí el desarrollo del arte rupestre- y la especialización en actividades productivas -las que determinan la supervivencia y/o la supremacía- y las no productivas en la dimensión de lo que llamamos espiritual.

Entonces las verdaderas bendiciones o desgracias de cualquier grupo humano -llámese gens, tribu, colonia o país- está en la potencialidad y capacidad que ese grupo tenga de producir, de generar bienes materiales y espirituales que le permitan no sólo la supervivencia como sociedad sino además y, si es posible, la supremacia o al menos la distención con otros similares. 

Un país que no produce es un caos. Un país que no produce ni siquiera tiene una necesidad real de Estado porque no tiene sentido un Estado que no tenga riqueza para distribuir. Entonces el Estado se convierte en un aparato burocrático, un repartidor de precariedad. Y sus mecanismos e instrumentos constituyen lastres.

Si repasamos la historia, todos los Estados exitosos, lo han sido, porque fueron capaces de equilibrar el sometimiento con el espejismo de la expectativa satisfecha en las mayorías. Ahí radica el arte de gobernar.  Y digo espejismo porque, si bien no todos los exitosos han sido capaces de satisfacer materialmente esa expectativa, al menos lo lograron en la dimensión ideológica. El ejemplo está en el cubano que se va para Estados Unidos  por El Mariel, y que no vivía tan mal materialmente aquí pero quería vivir mejor desde sus aspiraciones. Legaba a Miami, tenía que doblar el lomo para pagar gratuidades individuales que aquí tenía garantizadas sin detenerse a pensar donde salía el dinero para costearla -universidad para sus hijos, por ejemplo, una operación quirúrgica compleja, aquellos gimnasios gratuitos del INDER que ya no existen, participar en el concierto de un gran artista a un costo ínfimo-  pero siente que sus expectativas de tener un auto o comer carne de res cada vez que quisiera, o ver un televisor en colores, o poder gritar "Abajo el Presidente", estaban satisfechas en La Florida. 

Hay una relación de interdependencia entra la expectativa, el sistema de valores -con la moral y las valoraciones como sus manifestaciones- y la producción material. Y hasta el día de hoy sólo existen dos tipos de estructuras reguladoras de esa relación: las de orden material y las de orden ideológico. 

El principal instrumento de las estructuras de orden material es el mercado y las relaciones mercantiles. El mercado es también un instrumento de regulación del cual el Estado puede valerse para concentrarse en equilibrar satisfacción de las expectativas y sometimiento. Un instrumento que no debería ser competencia del gobierno, como brazo ejecutor del Estado, sino de los productores y los consumidores con ese gobierno como mediador. El gobierno puede propiciar, estimular, regular el mercado pero no puede ni controlarlo ni mucho menos decretarlo o prohibirlo. Al menos, la historia demuestra que no lo puede hacer exitosamente en aras del equilibrio entre expectativa satisfecha y dominación. Los bandos españoles contra la descentralización del comercio de los colonos en Cuba fue la chispa incipiente de la expectativa de independencia. La Ley Seca en Estados Unidos sólo trajo más problemas sociales y crisis de su establishment. 

El instrumento de las estructuras de orden ideológico es lo que Althousser llama Aparatos Ideológicos del Estado, o sea: las iglesias, las academias, las instituciones legislativas, los medios de comunicación. 

A partir de las premisas anteriores, repasemos Cuba: 

La Revolución Cubana se desarrolla en la década del sesenta precisamente porque el Estado logra equilibrar la satisfacción de las expectativas con el sometimiento de quienes le adversaban. El campesino que soñaba con la tierra, tiene la tierra. El obrero que no podía pagar el tratamiento médico de un hijo, lo tiene gratuito. El desempleado, tiene trabajo. La mujer excluida, siente que es útil. El intelectual que arañaba para sostener a los suyos, está subvencionado. El maestro público que apenas tenía aula,  tiene aula y posibilidades de superación personal. 

Hay un sector de la población que ya tenía todos esos bienes al alcance al triunfo de la Revolución cuyas expectativas estaban puestas más en superar la inseguridad propiciada por la dictadura batistiana y en seguir fomentando su propio éxito, que en el ideal de sacrificar sus proyectos personales a favor de los hasta entonces desposeídos. Ese grupo adoptó tres conductas predominantes: cambiaron honradamente su sistema de valores y siguieron el ideal revolucionario, se volvieron contra la Revolución y fueron sometidos,  aprendieron a simular que apoyaban la Revolución y aprovecharon sus "puertas traseras" mientras pudieron hasta emigrar en muchos casos. La mayoría de los actuales más acérrimos enemigos de la forma de gobierno en Cuba, tengo la impresión, pertenecieron alguna vez a ese tercer grupo. 

Sumémosle que toda satisfacción de las expectativas genera expectativas superiores. La campesina que lavaba golpeando la ropa contra una piedra, ahora ya sabe que existe el detergente y que la ropa huele rico. El niño o la niña que no tenía escuela al alcance, ahora ya sabe que hay un ómnibus que lo recoge cada semana y lo lleva a una beca en la cual le garantizan alimentación -muchas veces mejor que en su propia casa- instrucción y esparcimiento. El escritor que antes tenía que pagar para publicar un libro, ahora sabe que hay una editorial que le publicará sin costo para él y que, de contra, le pagará derecho de autor.... Todos ellos aspiran entonces a otras mejorías. 

Llegó un momento en que las expectativas sociales en Cuba, fomentadas a partir de la Revolución misma y su dirigencia, no pudieron ser satisfechas por la producción propia de bienes materiales ni con un equilibrio entre importaciones y exportaciones. Entonces hubo que acudir a alianzas foráneas -como el resto de los países del mundo-, a préstamos, a concesiones políticas muchas de ellas disfrazadas de supuestas cuestiones de principios. Las causas de esto son atribuibles a la gestión gubernamental y al funcionamiento de los Aparatos Ideológicos del Estado, también a la hostilidad imperialista y a las relaciones de producción en el ámbito global. Son complejas esas causas, necesitarían un libro para explicarlas, y sé muy bien que este párrafo será el punto débil por donde atacarán este ensayo los extremistas de ambos bandos.  Pero no son las relaciones mercantiles una de esas causas, no. Sino por el contrario: la pretendida -y equivocada- sustitución de las relaciones mercantiles por la centralización, el verticalismo y la planificación, nos hicieron caer en el atolladero en que estamos hoy. La pretendida supeditación de las variables económicas a la política, sería otra causa.

Si nos atenemos al axioma de que toda producción ideológica es la resultante de las relaciones de producción, o sea, de la producción material, entonces es un error estratégico pretender satisfacer la expectativa con un desequilibrio cada vez mayor hacia el ámbito de lo ideopolítico en detrimento del ámbito de lo económico y de la propia creación de bienes y servicios competitivos. Y es ahí, y no en el mercado como instrumento de distribución y consumo, donde radica la gran causa del deterioro social actual. Y más que del deterioro social actual, de la involución hasta ahora imparable de nuestros valores sociales luego de se hiciera evidente la insostenibilidad de nuestro modelo económico en las condiciones impuestas por la globalización y la hostilidad imperialista.

Lo que está pasando ahora en Cuba es que el desequilibrio entre expectativa y sometimiento es demasiado grande en comparación con la capacidad estatal de ejercer los contrapesos necesarios en favor del equilibrio. El Estado cada vez tiene menos riqueza que distribuir porque el país cada vez produce menos. Y si un Estado que pretende construir el socialismo no tiene riqueza que distribuir, sencillamente va en sentido contrario a su propósito declarado. No es creíble. No es competente. Porque no es posible suplir la riqueza no producida y -por ende- no distribuida con propaganda política ni manipulación mediática por largo tiempo por eficientes que sean los Aparatos Ideológicos del Estado. 

Entonces todo lo que estimule la producción en Cuba, incluyendo el mercado, debería ser prioridad para ese Estado. Debería estimularse más que limitarse, debería entenderse por parte del gobierno -y también de Turro Gomero- que hay dos modos esenciales de regulación de los procesos -la estimulación y la limitación o prohibición- y que corresponde en esta circunstancia histórica estimular más que limitar. Es una lección del llamado Período Especial que muchos parecen haber olvidado o no estudiado. 

Cuando hablo de sometimiento, acoto, no me estoy refiriendo solo a la represión -que sería la forma extrema del sometimiento- sino a todo el sistema de ataduras sociales que pesan sobre un individuo, grupo, estamento, clase: las normas impuestas no consensadas hasta lo posible, las desventajas económicas, las carencias culturales, los prejuicios, las discriminaciones, las desigualdades de oportunidades.  

Varias generaciones de cubanos creímos -o nos hicieron creer- que siempre iríamos por el camino correcto, con sacrificios sí, pero también con éxito y recompensa. Ahora vemos que el éxito y la recompensa no llegan, están cada vez más alejados. Y ese sentimiento desesperanzador, demotivador, se está volviendo cada vez más peligrosamente mayoritario en un contexto en que ni el gobierno ni el Partido reaccionan con coherencia, confunden, unas veces les dan para alante y otras para atrás, unas veces tuercen a la izquierda y otras a la derecha, como el bamboleo y la oscilación de un conductor ebrio. 

Eso es lo único que explica la otra lectura -ya sobre el supratexto y no del intratexto- que le hago a Cuba y Mercado de José Ángel Turro Gomero. ¿Por qué un cuadro con acceso a las estructuras de poder -es el director de cultura de un municipio- recurre a las redes sociales -tan vilipendiadas y demonizadas desde el discurso oficial- para expresar sus pensamientos críticos? ¿No tiene a su alcance un núcleo o comité del PCC, un Consejo de la Administración, un Consejo de Gobierno, una sección sindical, un Consejo de Dirección Provincial de su organismo, infinitas reuniones administrativas y políticas? ¿No tiene todo eso también en el ámbito académico? ¿Y por qué, en los comentarios, hay tantos cientos que desde roles similares a los de Turro Gomero, que comparten sus criterios? ¿Es que ni siquiera ellos, que forman parte de las estructuras de poder, son escuchados y tenidos en cuenta?