miércoles, 27 de agosto de 2025

Un país para contar

 A alguien se le ocurrió que el horror clase C, sería el mejor remedio espiritual para la precariedad del llamado Período Especial, aquel que inició en Cuba casi junto a la última década del siglo XX. 

Tan pronto como la tecnología y la disponibilidad de combustible lo permitieron, la televisión cubana comenzó a transmitir dos películas -producidas en USA: ¿No te jode?-  para finalizar una semana e iniciar la otra. Todo el mundo le llamaba "La Película del sábado" aunque, en realidad, la segunda aparecía ya domingo. 

Todo lo que vimos acontecer madrugada tras madrugada por el Canal 6, o Cubavisión, -no estoy seguro de cuándo le cambiaron el nombre-  en las calles de Nueva York, Chicago, cualquier otra ciudad del imperio, en materia de terror, crimen,  parece haber acontecido en Cuba esta semana: asaltos bien planeados y mejor organizados casi en las mismas narices de las patrullas de carretera, el asesinato brutal de un anciano y el posterior desmembramiento  y distribución de  su cadáver, un sujeto que lanza su auto contra varias personas, la fuga de dos reclusos altamente peligrosos de un centro penitenciario en Ciego de Ávila que, no sería Alcatraz pero: ¿Cómo dos tipos tan letales que las mismas fuerzas del orden sugieren no enfrentarlos, estaban recluidos en un lugar que, al parecer, resulta fresa para el escape? Hemos visto en las redes avisos de desapariciones misteriosas de ancianos e infantes. Supe de la alarma de un equipo de custodios en Santa Lucía, un tranquilo balneario al norte de Camagúey que recuerda la Amity Island spealbergiana, cuando un joven "enquimicado" brincó la cerca delimitadora de la salina y se puso al borde de un depósito de sosa caústica. 

También hemos tenido tramas de conspiración, intriga, persecución y acoso -tipo servicios especiales de la ex-RDA según el punto de vista hollywoodense, claro- a juzgar por lo que cuenta el escritor Jorge Fernández Era, le ha sucedido a él mismo y a una activista de nombre Lara Croft, bajo la custodia de la policía y la Seguridad del Estado. 

El prestigioso cineasta cubano Fernando Pérez ha dicho en La Sobremesa de La Joven Cuba que "los jóvenes contarán el país". Admiro su optimismo y respeto su sapiencia. Pero tengo que discrepar de la conjugación de su forma verbal. 

Los jóvenes, a tiempo, ya contaron el país en aquellas muestras de creadores que el ICAIC subsumió, el MINCULT ignoró y el tristemente célebre -mutado- ICRT condenó al ostracismo. Y lo están narrando a Cuba ahora mismo, pero en las redes, determinados por una nefasta combinación entre las prioridades que les marca el algoritmo imperial -criminal, que nos bloquea, sí- y la precariedad de un énfasis ideopolítico de un PCC que sigue apostando por el consignismo, la palabra hueca, el autoritarismo en la educación -instrucción- instituida y el totalitarismo en la política. 

Por ese camino, los jóvenes del mañana ya no tendrán país que narrar. Ya ni siquiera porque la crónica roja de la semana se llene de títulos de películas clase C -que podrían ser los de cualquier nación del mundo, incluida la que nos venden como modelo de todo lo mejor o lo peor- sino porque obsecados -los unos- en el país que deberíamos ser y enfatizando -los ceros- en la absolutización del país que quisieran fuéramos quienes no nos quieren bien: ¡Vamos camino a quedarnos sin país! 

Y todo tiene una gran causa, amigos y enemigos, más allá de las redes, los algoritmos, las fallidas políticas culturales y los disparates comunicacionales: La Revolución Cubana que triunfó aquel Primero de Enero del 59 ha muerto, como suele suceder con todo en nuestras vidas. Negar  este proceso natural aferrados en una continuidad que sólo persiste en las consignas y los autoengaños presidenciales en sus visitas a los territorios de la Cuba Profunda -que allí donde hay logros también hay profundidad- lo mismo que, desde el otro extremo: preteder que nunca existió ni nos dignificó como cubanos, no hará más que enquistar su tejido necropsado en el organismo aun vivo y palpitante de la nación. Hay que extirpar sus restos putrefacto para que la mejores células puedan respirar, alimentarse, crecer en la luz de un nuevo amanecer para los cubanos, todos, aquellos que no sean irremediablemente egoístas -o estúpidos- al punto de ser apátridas.

Sólo con el nacimiento de una nueva revolución, nuestros jóvenes del futuro tendrán un país para contar.  




 

4 comentarios:

  1. Hoy el blog reporta más de mil vistas por primera vez desde que lo reanudé. Ayer fueron ochocientas y antes, apenas unas doscientos. Volvemos a comenzar a crecer.

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  2. Han muerto tantas cosas en este país…que tristemente casi no nos queda nada…literalmente.
    El dilema estaría en las posturas de fe:
    o se cree en la resurrección
    o inevitablemente -se termina de aceptar que- a lo viejo le debe suceder lo nuevo…
    Cualquier variante ahora mismo (y por obvias cuestiones de “apasionamiento politico” de los extremos radicales) se vislumbra como un deseo espiritual mas que una posibilidad objetiva.
    Pronto habrá muy poco que salvar…

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  3. Si alarmante es el aumento de los indices de Criminalidad e inseguridad, mas preocupante es el uso de las Fuerzas del Orden interior para "tareas" que nada tienen que ver con su funcion principal que es la proteccion a la ciudanania y combatir el crimen , documentado esta la presencia "Policial" autos de Patrulla, policias y demas uniformados en acciones contra personas que denominan "disidentes" simplemente inexplicable, al final festin para los ladrones y asaltadores.

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  4. Tristemente real, durísimo para quienes hemos intentado y seguimos luchando por un mundo mejor. Vivimos en un estado de enajenación y oportunismo de quienes hacen creer que no lo ven.

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