Por: Leonardo Depestre Catony
El chico, el muchacho, el hombre, el héroe cuyo nombre lleva este Centro Cultural, Pablo de la Torriente Brau, fue un cultivador de la amistad y del amor. Y aunque toda fecha es válida para recordarlo, esta del 14 de febrero resulta especial.
Atlético, deportista universitario, con un perfil que él aseguraba recordaba el del galán cinematográfico John Barrymore, popular, entusiasta y con vena de escritor, Pablo tuvo que haber cautivado a Teté Casuso, y en verdad lo hizo desde tempranamente, pues ella era once años más joven. Pero a Pablo también lo cautivó la simpatía de Teté, sus ojos azules, su niñez en un medio rural, su gusto por la naturaleza, su constante disposición de acompañarlo siempre, su para nada inatendible capacidad de escribir bien, de sonreírle y vitorearlo desde las gradas cuando él se enfrascaba en los encuentros de rugby, un deporte fuerte, viril y del cual se podía salir fácilmente con un ojo amoratado o una costilla rota.
Se conocieron hacia 1920 en un punto perdido de la geografía oriental de la isla llamado Sabanazo, porque aunque Teté nació en la localidad de Madruga, en La Habana, su padre, que formaba parte de un equipo de ingenieros constructores de líneas férreas para el transporte de caña a los centrales azucareros, se veía precisado a mudar con la familia hacia los más recónditos parajes. Y en cuanto a Pablo, andaba por “allá” en un trabajo transitorio, que tomaría como una aventura.
El reencuentro con Pablo ocurriría años después, en La Habana. Desde su etapa de estudiante fue Teté una joven de intensa participación en la vida política, en las protestas estudiantiles, en la oposición al gobierno de Gerardo Machado. También ella poseía condiciones de líder, e ingresó en el Ala Izquierda Estudiantil. Teté y Pablo constituyeron una pareja identificada en amores e ideales.
En febrero de 1930 Pablo le dedica sus cuentos incluidos en el libro Batey. Allí se lee: ¡Para Teté Casuso, muchacha! El 19 de julio se casan en la parroquia de Punta Brava, donde vive la familia de ella, y es padrino de la boda el doctor José María Chacón y Calvo, una de las más importantes personalidades de la cultura cubana del siglo XX.
El 3 de enero de 1931 Pablo es detenido junto a otros líderes del estudiantado universitario y confinado en el Castillo del Príncipe. Dos meses después se le traslada a la cárcel de Nueva Gerona, en Isla de Pinos.
En adelante, la existencia de Pablo se fragmenta en capítulos bien definidos: reclusión en Isla de Pinos, libertad en Cuba (de pleno ejercicio periodístico), exilio político (por dos veces, en Norteamérica) y de capítulo final, su partida a España.
En los capítulos de reclusión tiene a Teté, quien le “escribió una carta cada día en los dos años de prisión”, como el propio Pablo expresa. Durante su excarcelación, que transcurre en Cuba y es para Pablo un período de intenso bregar político, tiene a Teté nuevamente junto a sí, compartiendo riesgos. Durante el primer exilio, al igual que durante el segundo, otra vez Teté se mantiene inseparable de Pablo.
En 1934 aparece el cuaderno titulado Versos míos de la libreta tuya. Son los poemas escritos por Teté para Pablo. Él escribe en el prólogo: “En realidad Teté Casuso es una muchacha loca que hace lo que le da la gana siempre. Cuando era chiquita y ahora cuando es una muchacha que hasta poetisa resultó”. Más adelante Pablo destaca en los versos de Teté “una honda vibración lírica y una espontaneidad poco común”.
Ella le escribe el poema titulado “Llama”, recogido en el libro, del cual reproducimos las tres primeras líneas:
Se han dorado mis ojos con la eterna fascinación del fuego
que me besó en la cara
y estoy vibrante, loca, como la llama.
Luego vienen episodios más conocidos que solo citaremos, hasta la partida de Pablo hacia España como corresponsal de guerra en la contienda civil que allí se libra, y la muerte del miliciano Pablo en combate, en diciembre de 1936, en Majadahonda.
Después ella seguirá siendo Teté, la portaestandarte de los homenajes póstumos a Pablo, oradora vibrante, depositaria de su documentación, veladora —entre muchos amigos— de su memoria.
Y después, ella seguirá su vida, siempre activa dentro del acontecer nacional. Pero ese “después” no nos concierne. De todos modos, si de historias de amor se trata, esta de Pablo y Teté da para una película.














