Lo de los precios topados para productos que alguien etiquetó como de primera necesidad -como si otros tan necesarios no lo fueran también- a mi me parece una medida más política que económica. No me parece que nadie sea tan inopio, desde el punto de vista económico, en la máxima dirección del país, ni desconozca a estas alturas que topar los precios no funcionaba ni siquiera cuando las empresas estatales podían "competir" con el mercado negro -cuando todo el comercio minorista era estatal salvo los mercados agropecuarios- y mucho menos va a funcionar ahora que, prácticamente, el comercio minorista estatal sólo existe en las exiguas tiendas en MLC que, por cierto, tienen un montón de productos más caros que las mypimes y los TCP cuando adquieres la divisa al precio real en la calle y no al fantasmagórico creado por el Banco Central.
Entonces la imposición de los precios topados al sector privado -ojo: nadie se mete con los precios de los "incontrolalos"- es una medida política cuya preparación se ha estado realizando desde hace un par de meses. Han usado -tengo que decir que con apreciable habilidad e inteligencia- un sistema de propaganda en las redes con los que llaman activistas y/cibercombatientes para demonizar la empresa privada ante el sector de la población que menos poder adquisitivo tiene, casi todos empleados estatales ya sea del sistema empresarial o presupuestado, que es el que más sufre los altos precios.
Para tal campaña, obviamente no usaron los comunicadores públicos profesionales de los medios estatales porque sería deschavarse; sería contradecir la narrativa presidencial de la convivencia y el encadenamiento de todas las formas de gestión y propiedad vigentes. Usaron los legionarios del "futbol destructivo", los activistas en las redes más comprometidos -o mejor chantajeados, segun sea el caso- y a los nostálgicos del CAME y la JUCEPLÁN que yo llamo bocoyoteros, esos entusiastas imbéciles de la retranca.
A su favor, tienen mas de tres generaciones de cubanos (des)formados en una colosal incultura económica. Cubanos que nunca supimos el costo de una tribuna abierta, por ejemplo -no cuestiono si eran necesarias o no, no se trata de eso este análisis- o de un acto político multitudinario, o de tener en la ciudad a cientos de miles de becarios que luego no regresaban al campo a producir y cientos de miles de escolares de la ciudad llevados al campo a mal producir, o de abrir escuelas de arte en todas las provincias -y en Granma, dos- para que después los graduados no tuvieran mercado para sus obras, o de experimentar con esto, aquello o lo otro... Sin que supiéramos nunca el costo del experimento. Ahora mismo tengo que volver a acordarme del PrevengoVir.
Tres o cuatro generaciones de cubanos comunes y corrientes -no economistas ni contadores ni profesionales de la administración y la gestión económicas- nos educamos sin tener idea de los costos reales de cualquier proceso social, político, productivo. ¿Cuánto le ha costado a este país, por ejemplo, los últimos cuatro congresos de la UNEAC y la UPEC en los cuáles se redunda y redunda y redunda mientras los sistemas institucionales que gestionan la cultura artística y los medios siguen enquistados?
Y puesto que los cubanos, los simples mortales, sabemos poco o casi nada de costos; cuando al jubilado, al pensionado, al maestro, al médico, al estudiante universitario hijo de obreros que trabajan en una empresa estatal en pérdidas, le dices que vas a topar los precios, éste recupera un poco la esperanza, se alivia, y si ve que ppr dos, tres, cuatro semanas, un mes, vaya, el aceite no pasa de 850 CUP, cree o intenta creer... Y están los otros, que tampoco saben de costos, los que su trabajo es sostener el sistema: los combatientes de las FAR y el MININT, los obreros y profesionales de sus redes empresariales, o de las pocas redes empresariales estatales que sí pagan salarios adecuados o que tienen "búsqueda", un término que, para los lectores no cubanos del blog, necesita toda una entrada.
Ante un verano que ya se muestra crudo, con peligros naturales, el sistema electroenergético agonizante y el fantasma del 11 de julio -yo sé que para muchos dirigentes, cuadros, el 11 de julio es como un espíritu rebelde y burlón, aunque no lo reconozcan, y yo entienda que no lo reconozcan- topar los precios es una muestra de que están haciendo algo en el camino de solventarle las penurias a la mayoría de los cubanos, topar los precios -a los ojos de un montón de gente sin memoria a mediano y corto plazo- es un indicador de que se escucha al pueblo en las visitas a los territorios, de que se quiere hacer lo que los más humildes necesitan.
Aliviar y fomentar la esperanza, creer o intentar creer, estaría bien si el gobierno tuviera un plan efectivo para moderar la crisis. Estaría mejor si ese plan fuera innovador, creativo, consensuado con los más avezados economistas del país y, en la medida de lo posible puesto que no olvido estamos asediados por la hijaeputancia imperialista, estaría mucho mejor si también fuera público.
Pero, hay un detalle: ¡No se puede hacer público el plan que no tienes! O al menos me parece que no tienen porque no veo ningun indicio. Veo que repiten y repiten y repiten lo que ha hicieron antes, que no funcionó...
No se apresuren a quemarme en la hoguera por esta entrada. Ya tendrán tiempo de hacerlo. Esperemos al próximo diciembre.





